Si el punto en que dejamos la historia de mi familia materna -los Vallejo Torquemada- nos hace plantearnos un mar de dudas e incógnitas, empezar a conocer los antecedentes de mi familia paterna iba a a ser igual de impactante. Aún más, diría yo. A estas alturas ya consigo hacer algo de pié en el charco de la historia intrafamiliar; donde antes navegué torpemente ya vislumbro puerto, pero lejos de ser seguro me temo que nos arroja de nuevo al maelstron de la guerra civil y sus desencadenantes, y la enorme cantidad de injusticias que se cometían por parte de quienes detentaban el poder político-religioso-militar, principalmente en la España agraria y rural. Y esto es así, sin más vuelta de hoja que haya y sin dulcificaciones de ningún tipo. La España de los años veinte y treinta en los pueblos era un erial donde gobernaba la ley del más fuerte, junto con la superstición y el "qué dirán".
Como ya dije en el prólogo mi intención al comenzar a realizar la genealogía era conservar algo de esa historia familiar que mi padre atesoraba y que no deseaba perder por nada del mundo. Primer objetivo, saber por qué nosotros no teníamos abuelo y por qué mi padre era hijo único. Siempre oí de mi abuela Dolores (yo, que soy el pequeño de la familia, no llegué a conocer a ninguno de mis abuelos) como una mujer muy guapa, con una belleza que le hacía parecer una actriz de cine. Aquí la tenemos:
Empiezo aquí a trazar una rápida genealogía hasta nuestros tatarabuelos paternos, quizás algo menos rica en detalles que la de mis abuelos maternos ya que además de que tenemos menos información familiar, aún estoy realizando entrevistas y está resultando más complicado el recabar información sobre los antepasados.
Si comenzamos por la familia más lejana en el tiempo, tenemos a los padres de mi bisabuela Ana Salamanca Ayllón, mis tatarabuelos Francisco Salamanca Aguilera y Dolores Ayllón y Mora, que toda su vida vivieron humildemente y se dedicaron al pastoreo y cuidado de fincas.
Les vivieron cuatro hijos; Julián (nacido en 1879), que casó con Rosario Cáceres León y con la que tuvo seis hijos, Carmen, Manuela, Guadalupe, Encarnación ( que se casó con Luis Piernagorda, familia de fuerte raigambre Baenense), Francisco y Tomás. Otro hijo de mis tatarabuelos fué Francisco Luis, que casó con Francisca Cárdenas Muñoz, y con quien tuvo a José, Araceli, Josefina y Francisco. Por último mi tia-bisabuela Manuela, que se quedó soltera y mi bisabuela Ana Salamanca Ayllón, que se casó con Francisco Miguel Camacho Olmedo.
De mi bisabuela Ana Salamanca decir que la llamaban "la rubia del valle", por el color rubio platino de su cabello, y que además ejerció labores de curandera, ya que arreglaba músculos y huesos, tanto a las bestias como a sus amos.
Mi bisabuelo Francisco Camacho Olmedo era hijo de Francisco Camacho Garrido y de Juana Olmedo Ordoñez, mis tatarabuelos. Ellos tuvieron, que sepamos, tres hijos varones: José, que casó con Carmen Guijarro Tienda y con quien tuvo seis hijos, José, Miguel, Luis, Antonio, Carmen y Victoria. Otro de sus hijos fué Francisco, que se casó en primeras nupcias con mi bisabuela Ana con quien tuvo a cuatro hijas como dije anteriormente, Manuela, Josefa, Eugenia y mi abuela Dolores, pero tras la repentina muerte de este, mi bisabuela se casó de nuevo con su hermano, Manuel, hombre de pocas letras y derrochador que le dió muchos problemas económicos a su mujer.
Mi tia-abuela Manuela casó con José Tirado Luna con quien tuvo a Josefina, Guadalupe, Manuel y Encarnación; Josefa casó con Antonio Tíscar Frías, un hombre mucho más mayor que ella al que conoció como sirvienta en casa de la madre de este, también llamada Josefa. De ellos dos no sé ahora mismo cuanto hijos tuvieron, creo que ninguno; Eugenia casó con el temido Antonio Hornero Cadenas "Carapalo", con quien tuvo a José, Carmen, Eugenia, Manuel, Antonia, Pablo, Miguel y Josefina.
Temido digo que fue por su gran violencia y la crueldad que ejercia hacia sus hijos, que aún la recuerdan. "Carapalo" fué un hombre de campo, agricultor y ganadero, alcoholizado y de carácter violento, del que sabemos lo necesario. Un hermano suyo, Pablo Hornero Cadenas, llegó a sufrir la incautación de sus bienes y tierras hasta que milagrosamente se sobreseyó la causa que se instruía en su contra el 17 de abril de 1943 . El expediente de este hermano ha sido consultado por el historiador Antonio Barragán Moriana y así lo detalla en su libro Control Social y Responsabilidades Políticas. Córdoba (1936-1945), en las págs. 339-342.
Disposición judicial en el BOE de la época con la que Pablo recuperaba sus bienes.
De "Carapalo" también cuenta su hija que es mi tía Eugenia "chica" que una vez que lo oyó cantar flamenco Pepe Marchena, estando de paso por el pueblo con todo su cuadro, quiso llevárselo con ellos, a lo que su familia se opuso. Debió tener buena voz y oído Antonio, sin duda de todo el tiempo que pasó en las tabernas, donde el vino y el cante iban de la mano.
Finalmente nos queda mi abuela Dolores Camacho Salamanca que tuvo a mi padre Miguel, el cual se crió en Baena antes de recalar en Córdoba capital, ya que se hizo cargo de él nuestra bisabuela Ana pues Dolores fué a trabajar a la capital a casa de un preboste de la época -como ama de llaves o sirvienta-. De hecho, lo amamantó nuestra tía-abuela Eugenia que entonces tenía a su hija Carmen recién nacida. Su tía Manuela fue la que bregó más con él hasta que se casó. En el pueblo Miguel trabajó codo con codo junto al resto de la familia desde bien pequeño, ya fuera cuidando cabras o cerdos, aunque también jugó y disfrutó de su infancia como cualquier niño, con tal mala suerte que en una de las clásicas "guerras de pedradas" entre niños de Baena y Luque sufrió una bastante grave en el ojo derecho que le acabó provocando su pérdida, circunstancia por la cual mi padre siempre consideró poco "estético" su ojo maltrecho, a pesar de que usaba unas prótesis fantásticas que si alguien lo conocía de primeras jamás se percataba de la falta en cuestión. Pero el tuvo siempre esa pena, y que cosas pensaba cuando él siempre fué un vigardo rubio y guapo, y además un hombre que supo trabajar por su familia incansablemente, con el cariño que un padre y marido humilde y sencillo siempre nos dió y buscó lo mejor para todos nosotros.
Mi padre entró con quince años a trabajar en la diputación provincial de Córdoba como peón de albañilería, y allí se jubiló... ¡50 años después!. El trabajador más longevo hasta esa fecha de diputación, motivo por el cual recibió una placa honorífica en reconocimiento de sus años de trabajo.
Volviendo a mi abuela Dolores, siendo ella una mocita de 15 años entró al servicio de una poderosa familia de Baena como sirvienta. A los cuatro años de servicio en esa casa se quedó embarazada, fruto del abuso llevado a cabo por uno de los señores o señoritos de la casa. Unos años después de dar a luz a Miguel -mi padre- Se acabaría instalando en Córdoba junto a mi padre como madre soltera -primeramente en la casa de vecinos de la calle del viento-, ya que el padre biológico nunca se dió a conocer. ¿Quién era, por tanto, el padre de mi padre?.
Cuando mi interés por esta cuestión tomó forma hace muchos años, mi padre pudo responderme en alguna ocasión que su padre había sido juez o magistrado en Granada, que había fallecido "hacía mucho tiempo" y que según su madre se llamaba "José". De hecho, en la partida de nacimiento aparece una nota al margen realizada en Mayo de 1960 donde, a efectos identificadores, se indica que el nombre del padre es ese enigmático "José".
La nota al margen en cuestión
También es cierto que mi padre le contó a mi hermana Ana que su padre se llamaba "Francisco" (según recuerda ella), que estaba soltero y que fue magistrado en Córdoba. También le contó que cuando el tenía dos años de edad, mi abuela Dolores estuvo yendo con él en brazos a la puerta de la magistratura para que su padre los viera y reconociera o ayudara como propio a mi padre.
Sea como fuere, la abuela Dolores fallece el 1 de Abril de 1971, a los diez años de que alguien -posiblemente mi padre- pidiera la incorporación de esta nota en su registro de nacimiento de cara a su boda, aunque según aparece en la copia de su partida bautismal del registro de matrimonio eclesiástico, solicitado en Noviembre de 1960, no aparece finalmente este "José" como padre de mi padre. A día de hoy pienso, dejándome llevar por los datos que más adelante aporto, que mi abuela pudo dar a mi padre un nombre falso para que jamás tuviera relación alguna con el hombre que abusó de ella y que se desentendió de su hijo.
Y pienso así por lo siguiente, y es que en la celebración de los 50 años de matrimonio de mis padres, pudimos viajar a Barcelona gracias a la generosidad de mis hermanas que organizaron junto a la familia de mi padre un evento de un fin de semana, donde lo pasamos estupendamente, y allí hablé con mi tía Eugenia, ya nonagenaria, quien me aportó dos datos que yo desconocía por completo. El primero que la familia para que trabajaba mi abuela era muy poderosa en Baena, y de aquello no se podía hablar. El segundo detalle me dio una pista tremendamente útil que hasta entonces nadie había sabido darme: el padre de mi padre, perteneciente a esta poderosa familia de Baena, había sido alcalde de Luque durante un tiempo, pero no recordaba más del asunto, o no me supo dar más detalles.
Esa última pista me daba datos muy concretos para poder investigar algo concreto. Abría una puerta y catorce incógnitas más, pero a ver, ahí pensaba estar hasta sacar algo en claro. En primer lugar realicé una sencilla búsqueda de Alcaldes de Luque que fueran oriundos de Baena o hubieran vivido allí, y rápidamente dí con uno. Se trataba de Carlos Fernández Martos, alias "El Longaniza".
Todo un personaje este Carlos Fernández Martos, miembro en efecto de una poderosa familia de terratenientes de la comarca, militares, abogados y políticos de ideología monárquica y derechista, de los que iré desgranando su biografía. Carlos Fernández Martos fue en efecto un hombre dedicado a la política con diversos destinos entre 1924 y 1930, entre ellos Madrid. Fué también alcalde de Luque del 20 de Junio de 1930 al 29 de Enero de 1931, miembro del somatén durante la dictadura de Primo de Rivera, formó parte de Unión Patriótica (el partido creado ex profeso por el dictador) y tuvo un par de escándalos muy sonados, como amenazar a un jefe de policía apuntándole con una pistola (cosa por la que le fué impuesta una multa y le fué retirada el arma el 1 de Enero de 1920) y ser denunciado por el propio pueblo de Luque por repartir a capricho el impuesto de utilidades. No es casualidad que residiera en Luque, fundamentalmente por dos motivos: primero, el 11 de Abril de 1909 se casó con una mujer de este pueblo, Elvira Porras Marín, hija de otro ilustre alcalde del pueblo también monárquico y derechista, y fueron juntos padres de cinco hijos. En segundo lugar, para poder ser alcalde de Luque debía ser residente en la localidad, por lo que imagino que en algún momento se inscribiría en el padrón municipal.
A pesar de que de primeras pudiera existir la salvedad de que tanto él mismo como su mujer e hijos vivieron efectivamente hasta ese momento en Luque (C/ Alta, nº2) con sus hijos, y no hubiese podido de esta manera conocer o establecer contacto con mi abuela Dolores -cosa innecesaria por que son localidades vecinas en las cuales existían vínculos personales de la misma familia y un constante ir y venir- según lo que el investigador Juan Ortiz Villalba escribió:
[...] al día siguiente de proclamada la República, cargó algunos muebles en un camión y se trasladó a vivir con su familia a la vecina Baena. Allí residía su hermano Laureano, gran labrador también y teniente coronel de Regulares retirado. Los Fernández Martos eran eslabones del engranaje caciquil de la Monarquía que se desintegraba.[...]
Es decir, que desde el día 15 de Abril de 1931, un mes y medio después de abandonar la alcaldía, Carlos Fernández Martos huye de Luque a la vecina Baena a vivir junto a su familia, posiblemente escapando de los posibles efectos que su gestión y actitud en el ayuntamiento frente a los conflictos obreros y las enemistades personales pudieran acarrearle.
Analicemos entonces quienes eran sus familiares, cosa que me ha sido posible gracias a Isabel de la Rosa, investigadora del archivo histórico municipal de Luque y la persona que me ha ayudado en la obtención de la mayoría de estos datos familiares:
Empecemos por los abuelos de la familia Fernández-Martos: el abuelo, José Fernández, natural de Alcaudete, que también fue concejal en Luque y miembro de una reconocida familia de propietarios en Luque, probablemente hijo de los también anteriores concejales Juan y Bartolomé Fernández. La abuela, Presentación Mariscal Navajas, natural de Baena, hija de Ramón Mariscal –alcalde de Luque en los años 1860- y Rosalía Navajas. Ambos se casan el 7 de Noviembre de 1879, el con 24 años y ella con 17.
El padre, Paulino Fernández Mariscal, fue militar, subdirector del segundo cuerpo de Sanidad Militar. La madre, Paz Isabel de Martos, Hija de Juan Martos Rodríguez (natural de Luque y seguramente hermano del Alcalde Francisco Martos) y Gertrudis Villalba (de Montalbán). Ambos fueron residentes en Luque.
Los hijos de Paulino y Paz Isabel -que fueron muchos -, eran los siguientes:
Como dije antes Carlos Fernandez Martos se casó con Elvira Porras Marín y tuvieron cinco hijos: Isabel Fernández Porras, Paulina, Josefa, Carlos y Julio. Como no podía ser de otra manera en la época y como siempre se relacionaban y cruzaban entre ellas las mismas familias de reconocidos propietarios de Luque y comarcas aledañas, Elvira Porras Marín era hija de José de Porras López y Josefa Marín Carrillo, junto con Ana, Cándido, Patricio e Isidro Porras Marín. Cándido y Patricio también fueron concejales y Patricio Además fue el marido de Soledad Cascajo Ruíz -hermana de Ciriaco Cascajo- y padre del único heredero de la familia Cascajo (José Porras Marín).
Que ironía, que años después fuera Ciriaco Cascajo Ruiz quien firmara la orden de fusilamiento de mi abuelo Enrique, a través de su entonces jefe de orden público, Bruno Ibañez. Las dos Españas, cuya fatalidad no termina en esta nota anecdótica, como veremos.
Laureano Fernández Martos (42 años en 1935), hermano de Carlos Fernández Martos, fue diputado en la República por la CEDA hasta el 7 de Enero de 1936. Esposo de María de la Paz Bermúdez Cañete (familia de grandes propietarios de Baena), hermana del diputado Antonio Bermúdez Cañete (periodista y diputado de la CEDA, redactor del semanario "la conquista del estado", germen del fascismo Español y fundador de las JONS).
Ya desde los inicios del año 1936 debian estar los ánimos calientes por su parte, cuando desde el diario La Voz se comenzó a atacar la candidatura de la C.E.D.A, componiendo para Laureano la siguiente coplilla el día 5 de Febrero de 1936, en su segunda edición:
"Igual que la corná del Espartero
será la de un domingo de febrero,
y sin acta y sin póker, Laureano,
¿cómo vas a pasar este verano?"
Fuera como fuese, marchó desde los primeros días de la guerra civil hasta finales de 1936 en la columna de Saenz de Buruaga, formada especialmente para la toma de los pueblos de la campiña, especialmente motivado por el hecho de que su mujer y resto de familia se encontraban "atrapados" en Baena, y tal y como nos contaba el cronista de la ciudad de Baena, Manuel Horcas Gálvez, dándonos a conocer que entre los días 19 al 28 de Julio las dos familias Fernández Martos y Bermúdez Cañete permanecieron escondidas -bajo la escalera de una casona en la calle Llanos del rosario, que hoy en día ya no existe- por miedo a ser represaliados. Laureano sería co-responsable del asesinato de 400 vecinos de Baena, muchos de ellos ajusticiados con un tiro en la nuca en la plaza del pueblo cuando los sublevados tomaron la localidad. Además, hasta finales de 1939 y para no dejar incompleta su carnicería, presidió los consejos de guerra que se celebraron en la capital cordobesa.
Laureano Fernadez Martos fué un personaje de caracter castrense, muy dado a las bravatas en sus discursos, católico tradicionalista empedernido y hombre vehemente y agresivo. Retirado temporalmente del ejército y dedicado de lleno al ejercicio de la política, dispuso de mucho tiempo libre y tuvo gran cantidad de viajes entre Córdoba-Madrid y Córdoba-Sevilla, ya que se dedicó plenamente a la política (de 1931 a 1933) hasta que consigió ganar un acta de diputado (que mantuvo de 1933 a Enero de 1936). Durante su periodo como diputado residió habitualmente en Madrid, pero con anterioridad lo había hecho en el domicilio de la familia de su mujer , los Bermudez-Cañete en Baena.
A diferencia del caso de su hermano Carlos, Laureano no tenía ningún hijo mayor de edad con anterioridad al año 36, ni siquiera adolescente, con lo que ninguno de ellos pudo ser responsable del embarazo de mi abuela Dolores, pero si pudo ser él mismo el autor de la paternidad, por edad y posibilidad física. Terrible posiblidad, que cuando descubrí me produjo un escalofrío, pero al fin y al cabo la sangre no hereda culpas ni tierras, las heredan las personas.
Otro de los hermanos, Paulino Fernandez Martos, ha despertado mi interés por su posible relación con otro suceso turbio -al margen de la paternidad o no de mi padre- que quizás nunca haya reseñado ningún investigador. Paulino era el mayor de los hermanos de la familia, fué un eminente teniente coronel médico militar que sirvió en África como Jefe de los servicios de higiene en la campaña iniciada para la recuperación de territorios tras el desastre de Annual, fundador del "centro asistencial de Melilla" como director del Ateneo de Sanidad Militar, fundador de la "cámara oficial de la propiedad urbana" de Melilla de la que fué secretario general, Director de la Academia de Sanidad Militar así como diputado por Córdoba y Miembro de la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Madrid. En este currículum, muy característico como vemos en la oligarquía de la época, alternando cargos militares y políticos, destaca una labor suya especialmente interesante:
A raíz de la entrada del gobierno republicano al poder, se decide la refundación de la Sanidad Nacional con la intención de crear centros de higiene primarios y secundarios para frenar y eliminar el avance de la peste, cólera y fiebre amarilla procedente de áfrica y que causaba estragos en la península, lo cual afectaba a la estructura médico-militar del los veteranos del norte de África, como Paulino. La sanidad civil se hizo cargo de las instituciones sanitarias de beneficencia, se convocaban plazas para sustituir los médicos militares por civiles y los dispensarios militares se convirtieron en centro médicos, como ejemplo de algunas de las medidas llevadas a cabo. Para articular estos cambios se decidió en 1934 crear una comisión para debatir la cuestión con mayor profundidad. La presidía Sadí de Buen Lozano, eminente epidemiólogo quien era desde 1931 Director General de Instituciones Sanitarias, y la integraban el médico militar Paulino Fernández Martos, entre otros profesionales. Los debates fueron intensos pero finalmente la postura civil de la república se impuso, desarticulándose así un brazo más del ejército en cuestiones sanitarias.
Según Wikipedia,
"De Buen se encontraba en Córdoba en julio de 1936, en el cumplimiento de sus tareas de investigación en la lucha antipalúdica y como jefe de los Servicios de la Dirección General de Sanidad, cuando fue apresado el 23 de julio y fusilado la noche del día 2 al 3 de septiembre en las tapias del cementerio de San Rafael por los insurrectos.
Librepensador en sus ideas -pero respetuoso con el pensar de los demás- le inducían a ser progresista en temas de medicina. Su forma de proceder motivó su detención que llevó a cabo personalmente el todo poderoso Jefe de Orden Público Luis Zurdo en el Hotel España-Francia donde residía Sadí. Hay que añadir a esta detención otras causas como, envidias ocultas de algunos profesionales, además del hecho de ser un representante del Gobierno legítimo."
Para mí es evidente que estando los militares monárquicos informados del futuro golpe de estado, y siendo la agenda del Jefe de Dirección General de Sanidad completamente pública, sería difícil para Paulino no plantearse hacer pagar por la humillación de, no solo haber reconocido su labor como héroe de Marruecos que entregó su vida al país, si no además haberse sometido al desmantelamiento de todo aquello por lo que dió su vida y su trabajo. Se da la circunstancia como hemos visto antes de que la mujer de su hermano quedaba "atrapada" en Baena y Con Laureano y Paulino fuera del pueblo, es posible que se aprovechara para dar las primeras instrucciones sumarísimas. La reflexión es mía conforme a los hechos probados, y conociendo el proceder familiar, entiendo que esta consideración sea más que probable.
Un hermano más, Emilio Fernandez Martos, también contaba con una interesante hoja de servicios militar, ya que fué nombrado adicto militar de España en las embajadas de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela en el año 1935. Posteriormente sería designado coronel director de la Academia Militar de Suboficiales, y más tarde como general de brigada de infantería. Experto en carros de asalto, combatió durante un año y medio en la guerra de África. En 1935 fué cesado como juez de causa en la primera división. El 2 de Julio de 1943 Emilio es enviado junto al nuevo cónsul general Mario de Piniés Bayona (que anteriormente había sido consul en Marsella y Shanghai) como agregado militar a Argentina, cuya labor especial será “tratar de estrechar lazos del nuevo régimen militar argentino con el general Franco”. Nos lo cuenta Ray Joseph en su “diario de Argentina”:
Por último José Fernandez Martos, que coincide en nombre con el que encontramos en el registro de nacimiento de mi padre, lo cual abre nuevas posibilidades e incógnitas, quizás de breve recorrido o quizás no (puede que uno de los hijos de Laureano se llamase José en recuerdo de su hermano), y del que el investigador Juan Ortiz Villalva nos contaba:
- [...] Otro hermano se postulaba desde Madrid para diputado, encasillado por el gobierno de la Monarquía, con el marchamo de conservador, en el distrito de Priego de Córdoba, donde se enfrentaba a la dura competencia de los liberales amigos de don Niceto, que controlaban en torno al pueblo natal de éste un sólido cacicato ya antes del pronunciamiento de Primo de Rivera en 1923. A1 caer la Dictadura, que los había perseguido con cierta saña, los nicetistas habían levantado cabeza.
- Pero, al proclamarse la República y acceder Alcalá Zamora a la jefatura del gobierno provisional primero y a la presidencia de la República después, su cacicato no hizo sino reforzarse. Ocurrió incluso que, suprimidos los distritos rurales, para combatir el caciquismo, y establecidas las circunscripciones electorales provinciales; los influyentes caciques nicetistas de Priego proyectaron sus aviesos métodos a toda la provincia de Córdoba en las elecciones generales de 1931, 1933 y 1936. Los ayuntamientos de Priego, Luque y otros pueblos de la comarca no experimentaron pues la inestabilidad política común al resto de las administraciones locales de España durante la República, sino que permanecieron siempre en manos de los amigos de Alcalá Zamora.[...]
[…]
Siguiendo con Carlos Fernandez Martos y su plausible paternidad no reconocida, como decía anteriormente tendría 53 años en el año en que mi abuela Dolores se quedó embarazada -1935- lo cual no sería extraño, aunque resultaría especialmente violento imaginar una situación así para mi abuela, soportar los caprichos, toqueteos y excesos de lo que era un viejo "resabiado", de los que consideran que un sirviente es de su propiedad, como era el común pensamiento por parte del estamento caciquil de la época.
Claro que cabe también la posibilidad de que no fuera él quien consumó la parternidad biológica de mi padre, si no otro de sus hijos, Carlos Fernández Porras, que por edad en ese año -veinte y tres años- podría haberse ganado la "amistad" o "interés" de mi abuela, y podría ser en definitiva responsable de esa paternidad de un modo menos violento y más propio de la fogosidad de la edad, aunque tampoco encaje exactamente con los relatos que mi abuela Dolores y mi padre contaban y conservaban respectivamente.
Carlos Fernández Porras, hijo de Carlos Fernández Martos ejerció la abogacía en Córdoba -Se convertiría en abogado en 1943, y así aparece en 1963, como miembro del colegio de abogados en activo-, y más tarde sus propios hijos continuaron la profesión familiar fundando en Marbella una gabinete de abogados (Fernandez George Lawyers). Parece que fue este Carlos un buen aficionado al toreo y participó en tertulias y agasajos varios a toreros en la ciudad durante su vida, pero del que no sabemos mucho más.
Surge así una nueva incógnita ¿Fue el padre de mi padre Carlos Fernandez Martos o Carlos Fernandez Porras, hijo del primero? ¿Pudo ser otro hermano de la familia, José, o tal vez Laureano? ¿Lo fué quizás otro cacique de Luque y estamos completamente confundidos en nuestra investigación?. Esto último, solo por la cantidad de referencias y confirmaciones familiares, creemos que no es muy problable, pero seguimos investigando con la intención de despejar las dudas por completo.
Desde luego, las pruebas fotográficas no nos dejan mucha duda, ya que el parecido entre algunos miembros de la familia Fernandez Martos y mi padre es considerable:






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