Entrada I - Los Vallejo Torquemada y los Jeremías Jorge, Enrique y la guerra civil, breve historia familiar.
Nuestro abuelo materno fué fusilado en los primeros meses de la guerra civil, y algo que siempre me inquietó es que cuando trataba de hablar de lo ocurrido con mi madre nunca me ofrecía una explicación sobre el cómo y el por qué, solo se apenaba de <<no haber podido contar con mi padre, un hombre bueno que ayudaba a todo el mundo. Mi vida hubiera sido más fácil con él a mi lado>>. Después me regalaba anécdotas sobre su generosidad con quien lo necesitaba -al parecer era común que prestara 25 pesetas, más de 140 euros de los de hoy, en casa de unos amigos de la Corredera, que se encontraban habitualmente en una situación precaria- y poco después zanjaba el asunto con un lacónico <<Pá lo que sirve la política, hijo mío...>>
Enrique Vallejo Torquemada a la edad de 26 años.
Enriqueta Jeremias Jorge a la edad de 22 años.
Creo que no se equivocaba en algo, y es que seguro que su vida hubiera sido mucho más cómoda y sin tantos padecimientos junto a su padre. Además de padecer su terrible pérdida, toda la familia hubo de llorar en silencio el asesinato de uno de sus hijos y hermanos, y además vivir <<señalados>> durante toda la posguerra, cosa que mi madre evitó no sin peor suerte, ya que una repentina enfermedad destrozó la cabeza de su fémur derecho (tuberculosis osteoarticular) y para cuyo tratamiento fue trasladada al sanatorio marítimo de Torremolinos después de los tremendos esfuerzos de su madre, Enriqueta, para que tras el fallecimiento del muy querido doctor Don Emilio Luque -quien comenzaría su tratamiento de recuperación de la enfermedad y que falleció al término de la guerra civil- pudiera ser trasladada allí y recuperarse plenamente. Allí permanecería durante casi 10 años postrada en una cama, sometida a los tratamientos de recuperación de la época, que básicamente consistieron en tenerle la pierna en alto sostenida por poleas para que le tiraran de la cabeza del fémur hacia abajo y poder recolocársela más adelante con el hueso plenamente recuperado, para lo cual todos los días durante estos años pasó largas temporadas al sol, en la camas habilitadas para ello dentro del patio de este sanatorio. Pudo volver a andar, pero al negar la familia la cirugía que hubiera completado su recuperación -consideraron que ya había sufrido mucho y no quisieron hacerla esperar más postrada en una cama- sufrió con el tiempo graves secuelas en la columna y dolores articulares para toda la vida. El tratamiento lo costearía mi tío abuelo Francisco, aún con pesar por el asesinato de su hermano y la penosa enfermedad de su sobrina.
Recuerdo que a mediados de los noventa mi madre seguía preocupándose mucho cuando asistía a alguna manifestación o mostraba filiaciones políticas públicamente en su presencia. <<Ten mucho cuidado hijo mio, que te puede pasar algo>>, <<Mira como terminó tu abuelo, un hombre bueno y que nunca hizo daño a nadie>>, etc... entre otras muchas expresiones que le habré oído en aquel momento. Entonces me parecía una prudencia excesiva, ya que me había manifestado decenas de veces y nunca había pasado nada, ni detenciones ni cargas en el ejercicio de un derecho básico reconocido constitucionalmente. Era impensable para mí hace 25 años lo que hoy padecemos como <<Ley mordaza>>, entre otros muchos retrocesos sociales y políticos. Me dí cuenta muchos años más tarde que la dialéctica de las pistolas impuesta por el fascismo durante la guerra y la posguerra habían sembrado un miedo y un silencio que duraría 80 años y que no solo afectaba a mi familia. Muchas de las madres de la guerra civil habían tratado de imponer un silencio sepulcral sobre lo ocurrido a sus hijos. Cuanto menos supieran, más probabilidades de llevar una vida <<normal>>. Sin memoria ni justicia, pero <<normal>>. ¡Y la fuerza de su silencio impuesto, llegaba hasta la segunda generación!. ¿Pero que locura era esta?.
Mi madre se apenaba aún a veces y cuando hablaba con ella de estos temas de que su padre se hubiese metido en política, cosa con la que yo me extrañaba cada vez más y pensaba <<¿pero que tipo de crimen cometería para que lo asesinaran de esa manera?>>.
Responder a esta pregunta fue mi primer objetivo, pero no el único. Con esta idea en mente comenzé a rescatar toda la información familiar que pude a lo largo de algún tiempo entrevistando a familiares, consultando archivos, hemerotecas y cuando llegó la casi plena digitalización de documentos, visitando sus archivos web, que tanto trabajo me ahorraron. En ese proceso de documentación fuí consciente de que si poco sabía sobre nuestros abuelos, el desconocimiento sobre quienes fueron nuestros bisabuelos y tatarabuelos era casi absoluto, al margen de ciertas anécdotas que como dije anteriormente mis padres aún recordaban. Por lo que, para acercarme mejor a la historia de cada uno de ellos, estuve enfrascado -y aún lo sigo- en la elaboración de un árbol genealógico en el que he ido incorporando miembros gracias a muchas horas de trabajo y labores de documentación para confirmar muchas de las anécdotas y sucesos referidos por nuestra familia. Esta quiero que sea la historia de partida para conocer más adelante la de nuestro abuelo Enrique, algo de la vida y la historia de nuestros antepasados comunes.
Pues bien, el origen de nuestra familia materna por parte de nuestro abuelo Enrique se remonta al pequeño pueblo agrícola de Valenzuela, aún en Córdoba pero limítrofe con Jaén y donde nacieron nuestros trastatarabuelos María Manuela y Mateo, alrededor del año 1765. Ellos seguramente se conocieran en Valenzuela y se casaran allí, pero dado que ambos trabajaban en el campo como jornaleros es muy probable que se movieran constantemente entre los grandes latifundios existentes entre este pueblo y Córdoba ciudad, al servicio del señor o cortijo que los contrataba para las labores que fuesen necesarias, según la época del año.
Registro en el libro de defunciones municipales de Gregorio Vallejo a la edad de sesenta y seis años.
Fruto de este matrimonio y ya en 1787 nacería Gregorio Vallejo, nuestro tatara-tatarabuelo, cuya vida transcurriría de modo muy parecida a la de sus padres, entre fincas y cortijos como jornalero. Gregorio conocería a la que sería su mujer, Jerónima, en Valenzuela y, al igual que sus padres sería realizando las labores del campo y relacionadas. Se casaron pronto y tuvieron 4 hijos, entre ellos nuestro tatarabuelo Mateo.
Mateo también fue jornalero y ya figura como residente en la ciudad de Córdoba en 1845, cuando celebra su primer matrimonio con una joven llamada María Josefa Ruiz, natural de Posadas, con quien había tenido una hija en Octubre de ese mismo año: María Teresa Rafaela. No sabemos mucho más de este matrimonio, que al parecer no tuvo más hijos. Más adelante ya en 1859 detectamos el nacimiento de Victoria Maria Manuela Vallejo Gómez, hija de Mateo y de Antonia Gómez Gaitán, su nueva esposa, natural de El Carpio. Desconocemos como dije que ocurrió con María Josefa Ruíz y la hija en común de ambos, al igual que desconocemos cuando contrajo matrimonio con Antonia. De cualquier manera, intuyo que junto a Antonia se repetiría el mismo camino que seguían los trabajadores del campo: andurrear la comarca, de finca en finca y de cortijo en cortijo, buscando el tajo según la temporada y lo que hiciese falta. Esto sería así al menos durante un tiempo, por que parece que en un momento temprano entraron ambos a trabajar al servicio de los Condes de Gavia. Finalmente les sobrevivieron -que sepamos- dos hijos, Victoria María Manuela y Rafael Patricio, nuestro bisabuelo.
Registros de los nacimientos de mi Tatarabuelo Rafael Patricio y su hermana Victoria Maria Manuela
Rafael nació mientras sus padres bregaban con sus tareas en la hacienda Buenavista en El Carpio, el 17 de Marzo de 1863, mientras se encontraban al servicio de los condes de Gavia -que en la época debían ser Pedro Losada y Gutierrez de los Rios y su señora Angela María Fernandez de Liencres y Carvajal-. En aquel momento parece que se encontraban instalados en Córdoba capital y aquí nuestro tatarabuelo Mateo siguió trabajando como alfarero, aunque con total seguridad se desenvolvería perfectamente con diversas artesanías, como fabricante cestos y tamices de esparto, herramientas de madera, cordelería, muebles sencillos, etc...., todas propias de un buen trabajador del campo al servicio de una gran hacienda, que ya había realizado con anterioridad durante muchos años.
Es en Córdoba donde Rafael crece y se cría junto a su hermana y amigos, por distintos barrios de la capital como la Trinidad (conocida actualmente como la antigua zona militar), San Andrés, etc... y es posible que con esos vaivenes domiciliarios acabara conociendo como vecina a la que acabaría siendo su mujer, nuestra bisabuela Esperanza Torquemada Márquez. Profesionalmente, suponemos que Rafael fué admitido como aprendiz en un taller de ebanistería y, de este modo llegaría a aprender y perfeccionar el oficio y a enseñárselo a su hijo Rafael, quien siguió la profesión paterna en el taller de ebanistería-carpintería en la casa de la popular calle Cabezas nº14, hoy nº 20, adquirida en 1938 aunque fueron residentes en ella desde 1916 al menos. Casa solariega que aún resiste en pié, vacía y fría pero llena de rincones con recuerdos.
Como curiosidad señalar que perteneció al que fuera Alcalde de Alhama a mediados del siglo XIX, Francisco de Toledo y Muñoz, abogado, humanista, supernumerario de la orden de Carlos III y de posibles orígenes judeoconversos. Posteriormente pertenecería a Antonio Álvarez Peralta, que fué Ministro durante la primera república, Secretario y Canciller de la Legación Dominicana Extraordinaria acreditada en España y Encargado de Negocios, diputado por el Partido Liberal de Puerto Rico, industrial minero tanto en España como en América latina y masón entre otros cargos y prebendas que tuvo en su haber.
Censo de 1904 donde aparece casi toda la familia de Rafael Vallejo. Faltaba Enrique.
Fachada de la casa familiar de la calle Cabezas
Pero todo esto sería más adelante, ya que vivieron durante algunos años en régimen de alquiler en la calle Zapatería vieja, haciendo esquina con Cardenal González, según consta en los padrones municipales de años anteriores.
Como decía anteriormente, parece que Rafael llegó a ser un respetado ebanista en la ciudad, que amó su profesión y a la que se dedicó con pasión, cosa que queda patente en la emotiva nota que le dedica el diario "el Sur" -dirigido por Fernando Sanchez Ocaña, gran periodista e intelecutal socialista- en la primera página de su edición del martes 15, con motivo de su fallecimiento el domingo anterior, día 13 de agosto de 1933. Es muy probable que Rafael fuera miembro de la sociedad obrera de Ebanistas, y estuviese vinculado por lo tanto al incipiente socialismo cordobés a través de la UGT.
Como curiosidad, durante algunos años trabajó como portero de la plaza de toros y uno de sus hijos, Mateo, heredaría este curioso empleo durante unos años.
Portada del periódico "El Sur", donde se daba la noticia en primera página del fallecimiento de Rafael Vallejo.
Por parte de nuestra bisabuela materna Esperanza, nuestros transtatarabuelos Francisco y Josefa fueron molineros, panaderos y jornaleros, pero ya vivían en la capital por lo que es probable que trabajasen en los cortijos y fincas de alrededor de la campiñuela y la sierra. Tuvieron varios hijos entre ellos a Francisco. Añadiré una nota histórica de cierta relevancia para nosotros, como cordobeses de nacimiento: La familia arrendaba para la molienda del trigo -durante un par de generaciones al menos- el molino de la Albolafia, que perteneció a la congregación de Jesús y María hasta 1855 cuando fué desamortizado, pasando a ser propietario Rafael Sánchez Castañeda en 1870, de quien seguramente mi familia lo arrendase.
Registro de la defunción de Francisco Torquemada en 1864 a la edad de 80 años
Francisco se casó con María Dolores -viuda en ese momento de Rafael Cañero- en 1843 y vivieron en la Casa de las Campanas, casa monumento declarada recientemente BIC por su arquitectura hispanomusulmana, aunque en la época seguía siendo una sencilla y luminosa casa de vecinos. Francisco trabajó como molinero y también como arruquero -arriero de los que amontonan y trasladan el corcho cuando se extrae del árbol- siendo la mayor parte de su vida jornalero. Por último tuvieron un despacho de pan en la calle Costanillas, negocio que heredaría años más tarde sus hijos, entre los que se encontraba Jose Francisco Fernando.
José Francisco continuaría en el negocio familiar de sus padres, convirtiéndose en empleado del horno y despacho de pan -presumiblemente dirigido por los hermanos mayores de José- y formando una familia junto a María de los Dolores, en la casa de vecinos de la calle Pozanco. En 1868 nacería Esperanza, una nueva niña con la que ya sumaban cuatro descendientes en esa humilde casa. El negocio familiar fue todo lo bien que un horno y panadería podía ir en un barrio muy humilde, hasta que en los primero años del siglo XX se cerraría o traspasaría por motivos desconocidos. Queda como testimonio de este hecho el censo de la ciudad, donde José Francisco pasa de profesión "Empleado" en 1902 a "Jornalero" en 1903. Se da la casualidad que unos años más tarde José Arenas Lara volvió a abrir este horno y despacho de pan, horneando así el famoso "Pan Arenas" de la ciudad de Córdoba.
Censos de 1902 y 1903, donde se aprecia el cambio de profesión que declara José Francisco al abnegado funcionario que acude de puerta en puerta.
Parece que Esperanza pudo estudiar y aprender a leer y escribir -a diferencia de sus padres-, y fue además una mujer habilidosa y con gran presencia, como parece que fue su abuela María Dolores. Tal vez la casualidad o la cercanía hicieron que se encontrara con el que iba a ser su marido y padre de sus hijos, mi bisabuelo Rafael Vallejo.
Quizás es este un buen momento para hablar también sobre la familia por parte de nuestra abuela Enriqueta, y centrar gran parte de la historia en torno al padre de mi abuela, mi bisabuelo Francisco Jeremías de Dios <<Patillas>>, todo un personaje cuya historia merece la pena traer a colación en este momento, ya que la considero importante para cohesionar la máxima cantidad posible de sucesos y personajes involucrados en todos los acontecimientos que rodearon la vida de nuestro propio abuelo Enrique. Eso sí, al ser gran parte de esta rama de la familia de fuera de Córdoba, no me ha sido posible recabar tanta documentación a través de mis visitas a diversos archivos.
Francisco Jeremías de Dios era hijo de José Francisco Jeremías Rodríguez, <<Papaico patillas>>, natural de Málaga, y de Josefa De Dios Ruiz. Sirvió como militar desde muy joven, primero en Sevilla y después en Cuba -donde sirvió junto a su hermano Ángel Jeremías de Dios- , San Fernando y Jerez al menos entre 1894 y 1903 y sirviendo durante un tiempo importante como asistente de Miguel Primo de Rivera. En la familia siempre se dijo que durante su estancia en Jerez sería Eloísa -su segunda mujer y bisabuela nuestra- la ama de cría encargada de dar el pecho a Jose Antonio Primo de Rivera, primogénito del militar junto a Casilda Saenz de Heredia, mujer del dictador, enfermiza y débil y con quien llegaría a tener seis hijos, falleciendo a temprana edad en 1908 durante el parto.
Nuestra bisabuela Eloísa nació en Campillo de Llerena pero fué ciudadana sevillana desde su niñez, al haber fallecido sus padres, Alfredo Jorge -capitán de la guardia civil- y Luisa Cabezas a temprana edad. Fué enviada con unas tías suyas a Sevilla, donde estás la refugiaron en un convento para que fuera educada de la mejor manera posible. Allí aprendería a leer y escribir, coser, cocinar e incluso tocar algo el piano, hasta que <Patillas>> la <<sacó>> del convento siendo esta muy joven... No tenemos claro por tanto que fuera ella quien trabajara como ama de cría de Jose Antonio ya que por la fecha del nacimiento del futuro padre del fascismo Español -24 de Abril de 1903- , <<Patillas>> aún se encontraba con su primera mujer, Genoveva, una Cordobesa mudada a Sevilla de la que no teníamos conocimiento ni está resultando fácil recopilar información.
Censo de Sevilla del año 1897, donde aparecen como matrimonio Francisco y una joven Genoveva
Genoveva Ruíz Salamanca, hija de Rafael y Josefa, era natural de Córdoba. Ella fue la primera mujer de Francisco, de la cual no sabemos si se divorció, la abandonó o enviudó. Según el censo de Sevilla capital del año 1896 a 1897 residieron ambos en el cuartel de la calle Calatrava, pero por los datos de nacimiento de los censos el que supuestamente fuera el hijo primogénito de Francisco y Eloísa, Baldomero Alfredo, hubo de ser concebido en Sevilla en torno a Mayo de 1899 por lo que el matrimonio con Genoveva debería haber terminado al menos algo antes de 1899. Y digo debería, en efecto, por que no resultan extrañas las aventuras extra-matrimoniales en esta época que tratamos. Y en cualquier otra. En el año 1901 ya aparecían como residentes en Córdoba Francisco, Eloísa -domiciliada desde hacía 3 años, es decir desde 1898- y Alfredo como familia. ¿Es posible que Alfredo fuese hijo de su anterior matrimonio con dicha Genoveva?. Sería posible en ese caso que nuestro bisabuelo enviudara y se quedase con un hijo pequeño a su cuidado, de ahí la extraña desaparición de su primera mujer en toda la historia familiar y su rápido matrimonio con la bisabuela Eloísa. A falta de pruebas documentales solo podemos conservar y tratar de ampliar la historia familiar tal y como la hemos conocido.
Tras su paso por el ejército con estupendas recomendaciones y ya establecidos en Córdoba -en la <<Casa de las pavas>> , casa solariega de los Singler de Espinosa del siglo XVI la cual regentó- , Francisco llegó a embarcarse en diversos negocios antes y durante la dictadura de su conmilitón, por ejemplo importando -de contrabando- tabacos y cigarros puros de cuba, o usando el terreno que quedaba a la trasera de la <<Casa de las pavas>> como cocheras para su negocio como propietario de vehículos con <<chaufeur>> o taxis ya que según nos llega por información familiar consiguió durante algunos años la exclusividad con los vehículos de la Hispano-suiza en la capital. Negocio por cierto conocido en el mundillo automovilístico de la época como <<Garage "Patillas">>, más adelante rebautizado como <<Garaje Alcázar>>, ya con jota.
Acerca de la historia del contrabando de tabacos, mi madre me contaba de pequeño que su abuelo había traído tabacos de la mejor calidad desde cuba, recordándome así también que había servido como soldado en la guerra colonial. Mi tio Pepín sin embargo un día me habló de la cruda realidad: los tabacos los había conseguido y metido de contrabando en la ciudad, aprovechando quizás su empleo de maquinista o ya como jefe de estación. Años más tarde nuestro tío Jaime Tur me confirmaba los hechos con una anécdota sobre su madre, Josefa Jeremías Jorge, de quien contaba:
<<Mi madre, graciosa a rabiar, con su desparpajo andaluz y sin importarle un pimiento las consecuencias, a cada poco y ante quien fuere, y para presumir de padre solía decir: "cuando mi padre vino de Cuba ganó catorce mil duros con el contrabando de tabaco". Por lo que mi padre salía al quite diciéndole: "¡Calla Pepita que nos van a meter a tós en la cárcel!".>>
Imagino que algún negocio llegaría también a sus manos gracias a su buena relación con Miguel Primo de Rivera, aunque sin duda su inquietud y falta de escrúpulos serían suficientes para ayudarle a hacer la pequeña fortuna de la que disfrutó la familia y que, lamentablemente, terminó dilapidándose entre casinos y tabernas. Estas <<aficiones>> tan masculinas y peligrosas llegaron a su final debido al paso del tiempo, encontrándose ya <<Patillas>> enfermo, envejecido y sin el importante capital que llegaría a acumular durante años. El punto y final vendría tras el fallecimiento de su mujer Eloísa a temprana edad, destrozada tras 12 embarazos entre los llevados a término y los malogrados y finalmente ya gravemente afectada de un cáncer que acabó con su vida. Fué tan profunda y lenta su agonía que nuestro tío Jaime, testigo directo en aquellas horas, contaba como <<dobló los hierros del cabecero de la cama con sus pequeñas manos, tal era el dolor que llegó a sentir>>.
<<Patillas>> protagonizó algunos episodios peculiares tanto en la familia como en la propia ciudad llegando a estar recogidos en prensa algunos de ellos. Por ejemplo aquella ocasión en que volviendo de la feria de Córdoba del año 1922 hacia sus garajes, chocó contra otro vehículo causando diversos daños materiales -no sería la primera ni la última vez en que tuviera un accidente de este tipo- .
También llevó a cabo actos de generosidad con sus conciudadanos -fué una persona relativamente respetada en el barrio-, llegando a obsequiar a la biblioteca de la cárcel con una modesta pero interesante colección de libros para estudio y consulta.
Aunque de entre las anécdotas más complicadas que nos han llegado, aquella en la que vistió a sus hijas de gitanas -entre ellas nuestra abuela Enriqueta- y se marchó con ellas a la feria de Sevilla. Una vez allí, las montó en un coche de caballos y si te he visto no me acuerdo... Apareció muchas horas después, completamente ebrio y sin un real, después de haber pasado por varias casetas y un casino. Enriqueta jamás olvidaría aquel episodio.
Algunos ejemplos de la prensa entre 1915 y 1935, donde se podían leer algunas aventuras y desventuras de la familia.
Una vez abandonado el ejército terminaría por convertirse en maquinista de tren y Jefe de estación- destino muy común para los veteranos de Cuba y Marruecos en la época-, y en un habitual de la taberna de Paco Bravo, sita en la puerta de Almodóvar, donde solía ofrecer a los parroquiano algunas de sus historias personales y de las de su familia, que lejos de quedarse cortas aún superaban a las suyas, y es que alguno de sus hijos también protagonizaron algunos complicados episodios en la ciudad tal y como escribía Manuel Carreño Fuentes en Diario Cordoba sus <<Memorias Tabernarias>>, un 17 de junio de 1990:
<<[...] Por aquel tiempo en este barrio, sus vecinos eran una mayoría personal ferroviario, maquinistas, fogoneros, mozos de estación etcétera, y eran la mayor clientela de esta taberna pues el padre del tabernero también había pertenecido a esta profesión como cochero. Entre los mozos de estación había dos tipos muy pintorescos: “Patillas” y “Camilo”[...].“Patillas” era hombre de estatura regular y de fuerte complexión y estaba muy bien relacionado por su formalidad y sus buenos servicios. Había sido ordenanza o asistente, en su tiempo de soldado, con el general Primo de Rivera, cuando fue éste teniente coronel, con el que tenía muy buenas relaciones, que le valieron para evitar que uno de sus hijos, Alfredo, que era un joven trastornado y violento fuera a prisiones Militares, pues estando en el servicio militar en Sevilla, le amputó un dedo de la mano de un mordisco a un sargento que intentó darle una bofetada. Fue a un manicomio y salió peor.>>
Según su historial militar nuestro tío abuelo Alfredo, fue detenido por <<insubordinación e insultar a un superior>> -Según figura en la ficha de prisiones militares- mientras realizaba el servicio en Sevilla, y fue trasladado para cumplir su pena de prisión a Las Palmas de Gran Canarias donde esquivó una condena de 20 años de cárcel a cambio de 2 de reclusión, puede que en efecto por la benéfica influencia que la memoria de buen y leal asistente guardara Miguel Primo de Rivera sobre nuestro bisabuelo, o puede que como contaba mi abuela fuera por que se hizo el loco y las mañanas de invierno se tiraba desnudo en el pilón de agua, rompiendo el hielo formado durante la noche con la cabeza. Por contra nuestro tío Jaime contaba que había sido apresado por darle una paliza a un sargento. Sin ponernos de acuerdo en el rango ni en los hechos, el caso es que pasó una pena de cárcel bastante dura. Aunque pudo haber sido bastante peor.
Desobediencia e insulto a un superior: esta nota de la capitanía general de Canarias a la prisión indica el motivo por el cual se juzgaba a Alfredo.
Llegaron a ser famosas en las ciudad de Córdoba las tropelías y locuras cometidas por este tío abuelo mío Alfredo, el primogénito del matrimonio, un hombre aparentemente trastornado por la sífilis -el mismo lo reconocía- desde su juventud y cuyas fechorías tuvieron incluso un hueco en la prensa local en forma de <<sainetes>> de tan oídas que llegaron a ser en la ciudad. Literalmente, fué internado en un sanatorio mental dependiente de diputación y otras tantas veces se escapó, en algunas ocasiones dichas fugas llegarían nuevamente hasta los periódicos locales. Muchos años después, cuando nuestra madre volvió de su <<recuperación>> en el sanatorio de Málaga, solía ir a visitarlo para llevarle ropas y comida, y él le hablaba de muchas de sus locuras. Decía que su abuelo, <<Papaíco Patillas>>, se había reencarnado en uno de los cochinos que las monjas mantenían bien alimentados en alguna parte del sanatorio, y también le hablaba de extrañas visitas que recibía, unos seres que le comunicaban acerca de las <<cantumancias>>, un procedimiento por el cual los humanos serían injertados tal y como se injerta a las plantas -desconocemos con qué finalidad- y los <<cucuclanes>>.
Dos de los variados sainetes que poblaron la prensa de aquella época con las ocurrencias de Baldomero Alfredo.
Después de Baldomero, nació Francisco Jeremías Jorge, que se casó con Victoria Aranda y tuvieron ocho hijos. Francisco fué chofer y acompaño a su hermano mayor en algunas fechorias de juventud, las cuales también tuvieron eco en prensa -reflejo constante de los vaivenes familiares, no sabemos si por ser esta familia fuente inagotable de anécdotas o por alguna rencilla personal con periodistas locales- y quedaron registrados así para la posteridad.
Tras Francisco nacería Josefa, que se casó con Jaime Tur Salamanca, y tuvieron cuatro hijos, entre ellos mi tío Jaime, primo de mi madre, de los que hablaré más adelante sobre un suceso terrible del que fue testigo Jaime senior.
Después nacería Rafael <<Pimpi>>, quien también fue chofer en la empresa familiar y que se casó con Antonia Cabello, con quien tendrían a su hija a Aurora. De ellos tres hablamos a continuación.
Vendrían a continuación Enriqueta -mi abuela- que se casó con Enrique siendo una joven de veintidós años.
Ángela, quien se casó en primeras nupcias con Andrés Díaz Crespín y de quien se separaría como veremos.
Manuel, que tras ser chofer y formar parte de las milicias de la república en el batallón de comandancia <<Joven guardia>> de las UJC tuvo que hacerse legionario y aparentemente anduvo muchos años desaparecido, parece que se casó con una mujer llamada Eloísa y que según mi madre se fué a vivir y murió en Israel. Según la versión que yo he recabado, murió en Las palmas de gran canaria, después de tener diversos problemas con la justicia con asuntos muy feos y turbios. Pero si es verdad que cortó toda comunicación con la família.
Juan y Aurora, quienes nacieron en 1931 y 1934 respectivamente, siendo ya <<patillas>> y nuestra bisabuela Eloísa bastante mayores, por lo que aunque en los censos aparecen con los apellidos de los bisabuelos, creo que pueden tratarse de nietos recogidos por ellos, por algún motivo que plantearemos a continuación.
Y finalmente Antonio o José, o José Antonio, no estamos seguros de si se trataban de un hijo malogrado y uno repudiado o serían el mismo hijo repudiado, como veremos más adelante.
Parece que existían tensiones en la familia que <<Patillas>> no ayudaba a resolver, más bien al contrario, y es probable que esta presencia constante en boca de todos por diversas anécdotas y fechorías generase comentarios y rumores entre los vecinos durante la guerra, alimentados entre las alocadas fechorías de Baldomero Alfredo años atrás -que durante su juventud y en numerosas ocasiones estuvo acompañado por su hermano Francisco, el cual también acumuló diversas denuncias por robo y escándalo- y las acusaciones de homosexualidad y diversos delitos y robos atesorados por José, conocido en el barrio por la frecuencia con que era detenido. Por ejemplo en el diario La Voz del 26 de diciembre de 1934 es tildado de <<conocido maleante>> y <<reclamado por diversos juzgados de la capital>>. También descubrimos en este diario que José fue conocido como <<La Reverte>>, apodo taurino proveniente de un famoso torero cuya ambigüedad sexual fue motivo de discusión durante años en el mundillo de la tauromaquia.
Resulta curioso que de este José, que debió ser hermano de la abuela Enriqueta, nunca oímos hablar con anterioridad, como tampoco nos resultan familiares dos de los nombres con los que <<Patillas>> aparece empadronado en el censo de los años 1940-41, dos niños de 9 y 6 años respectivamente llamados Juan Jeremías Jorge y Aurora Jeremías Jorge. Es decir, aparecen domiciliados como hijos de <<Patillas>>, y sin embargo nadie de la familia conocía de su existencia. Es probable que la Aurora a la que se hace referencia sea la hija de Rafael Jeremías Jorge y Antonia Cabello, de la suerte del primero hablaré más adelante, de la segunda no sabemos nada en absoluto lamentablemente. ¿Serían por tanto También José y Juan los nietos de <<Patillas>>, o hijos extramatrimoniales tal vez?.
Censo de 1940-41 en los que aparecen dos niños, Juan y Aurora, con los apellidos de <<Patillas>>.
Sea como fuere, otra de las hijas menores de Francisco, Ángela, se trasladaría a Madrid en el año 1939 tratando de huir del caos familiar, y allí conocería a un importante industrial del calzado de origen Alicantino pero con algunos negocios en Madrid, con el que acabaría teniendo vida en común e incluso adoptando un hijo, Serafín. Ángela habría llegado Madrid más que probablemente huyendo de su primer marido, Andrés Díaz Crespín, un joven conocido de la policía en la ciudad -con quien se casó con tan solo 17 años- y que fué detenido múltiples veces a lo largo de su carrera criminal, pero en concreto por hacerse pasar por oficial del ejército insurrecto según consta en el Diario Azul del 15 Enero de 1939. Esto haría que Ángela, conociendo el destino que su cuñado Enrique había corrido quisiese desaparecer de la ciudad rápidamente. Como nota curiosa, al año siguiente de su detención dicho sujeto aparece libre y como viudo en el censo de la ciudad de Córdoba. No era cierto, obviamente, ya que como mucho se habrían realizado las diligencias para la separación matrimonial o el divorcio.
Nota aparecida en prensa el 15 de enero de 1939 sobre la detención del primer marido de Ángeles
Ángeles, Serafín, la criada y dos nenas que no conseguimos identificar, posan en la cubierta de un edificio de Madrid.
Tras el fallecimiento de nuestra bisabuela Eloísa en torno al año 1937 con unos tempranos 57 años, <<Patillas>> terminaría trasladándose años después ya muy enfermo de diabetes a Madrid, en torno al año 1946, donde pasaría sus últimos días viviendo en compañía de su hija Ángela y recibiendo las escasas visitas de su hermana Isabel, habiéndo sido repudiado por el resto de hijos y familiares y siendo cuidado a duras penas por su hija pequeña, quien temía que su padre padeciese una enfermedad contagiosa y al que cuidó hasta su muerte, acaecida poco tiempo después.
Esta Isabel, hermana de <<Patillas>>, a pesar de ser modista acabó regentando un <<Meublé>> en la calle hortaleza ubicado en el nº 46, donde también hubo un histórico prostíbulo de régimen interno hasta su cierre a principios de siglo debido al fuerte incremento de los precios de alquiler y de los reconocimientos médicos de carácter obligatorio, como recoge Cristina de Pedro Álvarez en su estudio "La nueva sonrisa de cabaret. El impacto de la modernización urbana en los espacios de intercambio sexual de Madrid. La calle Santa Brígida, un estudio de caso (1870-1936)", de quien tomamos la referencia.
<<Patillas>> fué un hombre de vida complicada, vinculado por sus amistades, tejemanejes e ideología a distintos negocios y personalidades de notable mentalidad conservadora, por lo que me resulta evidente plantearme si en algún momento le llegó a gustar como se las gastaba políticamente nuestro abuelo Enrique. Siendo tan sociable y bebedor, también es posible que hubiese delatado involuntariamente en la taberna la presencia de su yerno en la casa de las pavas en los día que transcurrieron entre el 18 de Julio de 1936 y su detención el 5 de octubre del mismo año. Enrique trataría de permanecer oculto y evitando ser localizado tras su primera detención en una de las sacas que los fascistas venían practicando.
Ocurriera lo que ocurriese, los costes del asesinato de Enrique fueron altos: En primer lugar, la pérdida del propio Enrique, padre de dos hijos y marido de mi abuela Enriqueta, que enviudaría jovencísima y guardaría toda su vida el dolor de esa pérdida; Rafael, hermano de Enriqueta y de quien ya he hablado, tendría que alistarse a la División Azul como <<voluntario>> para calmar los ánimos del fascismo local y dispersar algo la atención sobre la familia. Esta decisión acabaría provocando su penosa muerte por congelación en Viena según nos ha llegado el testimonio familiar -aunque su nombre no ha aparecido a día de hoy en los listados de caídos en combate aparecidos en publicaciones oficiales y prensa de la época entre 1941 y 1943- . No sabemos que ocurrió con su madre y su hija con posterioridad, aunque algo se ha conjeturado anteriormente.
Rafael Jeremías Jorge <<Pimpi>> y su mujer Antonia Cabello posan como recién casados junto a sus padrinos.
Retomando la historia de Enrique, él era el más pequeño de todos los hermanos, teniendo por delante a Antonia, Esperanza, Rafael, Mateo y Francisco. Rafael continuó la profesión de ebanista de su padre y mantuvo el negocio familiar durante años gracias a sus hijos, desarrollando su actividad en el zaguán-taller de la calle Cabezas de la capital. Mateo como dijimos fué tipógrafo e impresor de la imprenta provincial, y Antonia y Esperanza se dedicaron a labores del hogar.
Con una familia tan grande no sería fácil para un sencillo artesano como el bisabuelo Rafael garantizar a su hijos la posibilidad de estudiar o formarse en una profesión. Es probable que algunos de ellos pudieran hacerlo a través de la Escuela Obrera, de la que Rafael podría haber formado parte como promotor a través de la sociedad gremial, evitando así a sus hijos la maldición que supuso a sus antepasados tener que trabajar como jornaleros en el campo durante generaciones -no por que el trabajo en el campo fuese indigno per sé, sino por las malas condiciones a que los propietarios los sometían para subsistir- .
Ese trabajo jornalero del que hablaba y que tan bien conoció el bisabuelo Rafael a través de sus padres le debió marcar profundamente, y dada la explosión de movimientos políticos y sindicales en la ciudad de Córdoba a finales del XIX, es lógico que se diese en él un proceso de toma de conciencia de clase. Es muy probable que Rafael formara parte -aunque no quedan pruebas documentales en la familia- de la primera Sociedad Obrera de Ebanistas de la ciudad, amparada por la aparición de la Unión General de Trabajadores, de origen socialista.
Posteriormente si sabemos que algunos de sus hijos, como Francisco y Enrique, se sindicaron y comenzaron a tomar parte de la vida política de la ciudad, hechos estos de los que si ha quedado constancia documental y viva en la memoria de la familia. Ellos lo hicieron como profesionales gremiados, quizás del mismo modo que llegarían a hacer el resto de sus hermanos, ebanistas, carpinteros y tipógrafos, gremios todos con prácticamente igual representación sindical a principios de siglo XX.
Tanto Enrique como su hermano Francisco demostrarían tener esta conciencia de clase implicándose abiertamente en la política municipal. Desde el socialismo en el caso de Enrique y en una militancia más conservadora en el caso de Francisco, aunque también de raigambre socialista y fue miembro del sindicato UGT.
No creo que ninguno de los dos pensara que obraban de manera incorrecta o que lo que hacían provocara a nadie, más bien pensarían que la nueva democracia que llegaba con el gobierno de la República les brindaba la posibilidad de expresar su anhelo de libertad y república sin más.
Francisco era dieciséis años mayor que Enrique y dedicaría su vida a la platería, un oficio histórico en la ciudad de Córdoba que contaba con un importante gremio propio, y en el que ya trabajaba con dieciocho años de edad. Entraría a trabajar en el <<taller de joyería y platería de la viuda de Rafael Pineda>> en torno a los años diez de principios del siglo XX, y creemos que más tarde trabajó en el <<taller de D. Fernando Camacho>>, ubicado en aquel entonces en la calle Don Rodrigo. Militaría en sus primeros años de juventud en el Partido Radical de Alejandro Lerroux y posteriormente en Alianza Republicana -durante la dictadura de Primo de Rivera- , el Partido Republicano Radical Socialista o Unión Republicana, tomando desde allí responsabilidades y haciendo amistades gracias a las que quizás consiguiera salvar la vida más adelante.
En el primero conoció a diversas personalidades de la época con las que conservaría cierta amistad a lo largo de su vida, como a Ricardo Crespo Romero. Al menos fué junto al que sería detenido por <<coaccionar a sus compañeros de taller>> durante la huelga general de 1917, en el transcurso de la cual fue detenido en varias ocasiones. Ricardo Crespo fué abogado y concejal de esta ciudad entre 1913 y 1915 por el distrito 3º y 6º respectivamente, según consta en las actas conservadas en el archivo municipal de Córdoba, transcritas en la página web cordobapedia. También llegaría a ser diputado del Partido Federal durante el primer bienio. Crespo sería asesinado el 9 de Agosto de 1936 en su localidad natal, Écija.
Noticia aparecida en Diario Córdoba el 17 de Agosto de 1917 sobre la detención de Francisco
Parece que Francisco pudo demostrar su valía política hacerse un hueco en las instituciones de la ciudad desde las que supo ganarse la confianza que quedaba depositada en él, al menos no dudó en aceptar las responsabilidades que se le ofrecieron a lo largo del tiempo, siendo así que fue delegado local del Consejo del Trabajo y secretario de los Comités Paritarios hasta el Miércoles 7 de marzo de 1928, cuando notifica -según el diario Córdoba- su renuncia pública a este cargo en un momento de repunte de la conflictividad social y de represión por parte de la dictadura de Primo de Rivera -cuando la Organización Corporativa Nacional y sus comités paritarios comenzaban a demostrarse como un instrumento totalitarista, que dejaba de gustar tanto a obreros como a patronos-. Fue también miembro de la Junta Local de Reformas Sociales -al menos hasta 1925-, representante sindical de la UGT para la Sociedad de Oficiales Orífices y Engastadores en su XV congreso de 1922 y en el congreso extraordinario celebrado en 1927, Vocal de la junta municipal del negociado de sanidad, Delegado de Trabajo del Gobierno Civil de Córdoba, mediando entre trabajadores y patronos en conflictos de diversa naturaleza -desde 1930 o antes hasta al menos 1931 durante el gobierno del general Berenguer, siendo gobernador civil el miembro del Partido Liberal e importante periodista Graciano Atienza Fernández-, vocal obrero del jurado mixto de joyería hasta abril de 1933 y por último, presidente de la Sociedad de Orífices y Plateros y Socorros Mutuos hasta su disolución el 10 de Agosto de 1936. Dada su condición de soltero empedernido y viviendo con su madre no tuvo problema en entregarse a este trabajo político en la ciudad, con el grado de dedicación que él quiso.
Carné de presidente de la sociedad de socorros mútuos de plateros perteneciente a Francisco Vallejo.
Enrique por su parte realizaría estudios de contabilidad y matemáticas, gracias a los que conseguiría a finales de los años veinte un trabajo como contable en el Banco Español de Crédito. En este mismo banco comenzaría a ejercer como enlace sindicales de la empresa, siendo nombrado Tesorero del comité ejecutivo de trabajadores de la banca, además de convertirse en miembro muy activo de la Casa del Pueblo, donde impartió clases de alfabetización para adultos; lectura, escritura, matemáticas y otras actividades. Ya en la calle, participaría a lo largo de los años 20 y 30 en diversas manifestaciones y huelgas, sobre los cuales volveré más adelante.
He de suponer que para Enrique, su padre Rafael y su hermano Francisco fueron referentes constantes y de ellos aprendería la importancia de la política, con la que se debían defender los intereses de la clase trabajadora frente a los caciques y propietarios, siempre convenientemente apoyados por el incansable prosélito de la iglesia. Es más que probable que su temprana afiliación a UGT y su cercanía al socialismo se debiesen a estas influencias y a su propia percepción como asalariado y parte de dicha clase trabajadora. El transcurrir de los años anteriores al golpe de estado sería para Enrique un camino al arraigo definitivo de su ideología y la formación de su personalidad política.
En cuanto a lo personal, el año 1934 sería el del matrimonio entre Enrique y Enriqueta. El cuatro de Marzo de este año se celebró el enlace, con tan buena suerte que unos días antes de la propia ceremonia ¡resultaron premiados en un décimo de lotería!. No cabrían en si de gozo, y con ese dinero podrían vivir holgadamente de alquiler en su nueva vivienda y vivir sin preocupaciones durante bastante tiempo -hasta que se produjo el golpe de estado, claro está.
La primera fotografía incluye una nota manuscrita por Enrique en dedicatoria a los padres y hermanos de ambos. En la segunda fotografía, posan junto a Rafael -hermano de Enrique-, Rafaela su mujer y nuestro tío segundo Francisco. Fué tan profundo el cariño de Rafael por su Hermano Enrique que algunos años después rescató su nombre en uno de sus hijos, en homenaje al hermano que le arrebataron injustamente y a quien tanto quiso.
Ahora que tenemos un esbozo de esta historia de las historias, llena de antepasados,
vamos a ponernos en situación con respecto a los hechos que van a
acontecer a lo largo del verano de 1936, que desgraciadamente
desembocaron en la guerra que duró de 1936 a 1939. No me resisto a hacerlo, a pesar de
todo lo escrito y ya sabido sobre lo que aconteció en esos meses,
pero lo considero importante dada la trascendencia que para Enrique tuvo la política durante una parte de su joven vida, y siendo esta misma
circunstancia la que determinaría su trágico asesinato.
El inicio de la guerra -reclamado como <<alzamiento nacional>> por el régimen nacido de ella- se produce el 20 de Julio de 1936 con el golpe de estado de las fuerzas fascistas contra el gobierno legítimamente constituido de la República. Para esta época, existía una importante convulsión social antes los profundos cambios que anunciaba el gobierno del Frente Popular, por lo que la sociedad se encontraba polarizada De un lado, los proletarios y asalariados. Del otro, los propietarios, terratenientes y la iglesia, todos dueños de privilegios indiscutibles con siglos de existencia.
Tras las contundentes contrarreformas que el gobierno derechista de Alejandro Lerroux puso en marcha -puede que incluso diesen origen a discusiones entre los hermanos Vallejo- , al obtener una contundente victoria con 217 escaños en las primeras elecciones celebradas en España con sufragio universal el 19 de noviembre de 1933, se habían desmantelado gran parte de las medidas que el gobierno republicano del primer bienio (1931-1933) había puesto en marcha para llevar a cabo políticas sociales que afectaban a la iglesia y a los grandes oligarcas, como la educación laica estatal, la devolución de tierras comunales desamortizadas y compradas durante finales del siglo anterior en el marco de la reforma agraria, tan solicitada y necesaria, etc...
Finalmente, el triunfo del Frente Popular el 16 de Febrero de 1936 supuso un revulsivo a esa contrarreforma, y se volvieron a iniciar muchas de esas medidas, incluso de manera más contundente. En este momento los partidos de corte fascista y derechista, como Falange, CEDA y grupos monárquicos y estrechamente ligados a la iglesia venían gestando provocaciones y fermentando el clima necesario para una guerra civil -desde panfletos como <<La conquista del estado>>, púlpitos y otras tribunas clasistas-. Muchos otros partidos y grupos conservadores permanecían ajenos a lo que se estaba gestando, como en el caso del Partido Radical, ignorantes del baño de sangre en el que ellos mismos iban a ser ahogados.
En Córdoba han transcurrido varios meses tras la victoria del frente popular, y la población observa como poco a poco se van implementando los puntos más críticos e importantes de su programa, como eran la amnistía de presos políticos y la reanudación de la Reforma Agraria, esencial para eliminar el régimen semi-medieval de propiedad y trabajo del campo y permitir con ello una definitiva modernización del mismo.
El día 18 de Julio a las 14:30 de la tarde un oscuro personaje, el coronel Ciriaco Cascajo, espera órdenes para unirse a los recién sublevados. Tal y como esperaba, recibe una llamada desde Sevilla. Es Queipo de Llano, que le indica que declare el estado de guerra en la ciudad de Córdoba, cosa que así hace. Se producen entonces los primeros movimientos lógicos de los insurrectos contra el gobierno legítimo, adueñándose de correos, telégrafos y las principales arterias de comunicación de la ciudad. En la misma, las piezas de artillería rondan la ciudad para asegurarse el control de la población.
Seguidamente se producen las primeras detenciones y fusilamientos ejemplarizantes. Se impone la política del miedo, y las violaciones de los derechos fundamentales se suceden. Para dirigir la labor de represión es nombrado Luis Zurdo, del mes de Agosto a Septiembre, y a partir de esta fecha le sucede Bruno Ibáñez Gálvez, más conocido como "Don Bruno".
Este sanguinario personaje dejaría una profunda huella en la ciudad, siendo recordadas durante generaciones las atrocidades cometidas por los batallones de orden público. El funcionamiento de la represión en Córdoba fue metódico y frío hasta el último momento, dotándose al famoso <<Batallón de la noche>> con miembros de una bajeza moral y una sangre fría necesaria para la empresa. La mano derecha de Don Bruno sería Luis Velasco Moreno, ex-miembro del Partido Comunista y asiduo de la casa del pueblo, de donde fue expulsado por su extremo comportamiento. Correría después a refugiarse en Falange y desde allí, delatar aquel ambiente que tan bien conoció tiempo atrás.
Llegados ya al verano de 1936 se van sucediendo los secuestros y la ejecuciones sumarísimas alentadas bajo el bando de guerra, publicado el 28 de Julio del mismo año, imponiéndose a partir de entonces y durante meses un terror atroz entre toda la población trabajadora cordobesa. Nadie que hubiese pertenecido a un partido o sindicato estaba libre de ser asesinado sin previo aviso. Algunos dirigentes sindicales y políticos intentan huir de la ciudad -tarea complicada y peligrosa- o tratan de esconderse, tanto en ella misma como en cortijos, fincas o poblaciones de las afueras y cercanías.
La abuela Enriqueta le contó a nuestra madre en varias ocasiones que dadas estas circunstancias, temía por la integridad física de todos los hermanos Vallejo, ya que todos ellos -Mateo, impresor, miembro de UGT y socialista; Rafael, ebanista y perteneciente al sindicato profesional; Francisco, platero, miembro de Unión Republicana y de UGT y Enrique, empleado de banca, miembro de la UGT y socialista- llegaron a estar detenidos en algún momento, bien en la comisaría de vigilancia o bien en la prisión del Alcázar, antes de la guerra o durante la misma.
Creemos que Enrique fué detenido por vez primera en su mesa de trabajo -así nos lo contaba mi madre, si así fué hacía caso omiso a la convocatoria de Huelga General lanzada la misma tarde del 18 de julio- en la oficina del Banco Español de Crédito, ubicada entonces en la calle Claudio Marcelo, el día 20 de Julio de 1936 o sea dos días después del golpe de estado, junto a Juan Blanco Serrano apareciendo ambos reseñados como <<empleados>> en la orden de detención. Dos días más tarde es liberado junto a José Linares Mendoza, que sería vilmente asesinado con posterioridad el 18 de Agosto de ese mismo año.
Orden de detención e ingreso en prisión del 20 de Julio de 1936 contra Enrique Vallejo Torquemada
Un día antes de su detención, dos guardias de asalto conocidos de <<Patillas>> fueron a visitarle y le indicaron que la seguridad de su yerno corría peligro por motivo de las instrucciones que entre los falangistas y la guardia civil corrían, dadas por Ciriaco Cascajo y Marín Alcázar, para abortar la huelga general anunciada cortando por lo sano, tomando medidas represivas sumarísimas, y yendo a la <<caza del huelguista>>. En esta caza y captura participaron los grupos de voluntarios, especialmente los falangistas ya uniformados y las fuerzas de orden, y el saldo fue la captura y detención de 1500 prisioneros de Córdoba y sus alrededores, la mayoría de los cuales serían fusilados.
Mi abuela contaba a mi madre que Enrique le dijo entonces: <<Enriqueta no temas, ¡si yo no he hecho nada!>>. Y supongo que mi abuela contaría esta historia con pena, ya que en ese momento tuvieron la posibilidad de escapar de lo que se les venía encima, pero sin embargo no lo hicieron. El miedo debía ser un poderoso paralizante en aquellas circunstancias.
¿A que se debió su pronta liberación dos días después? ¿Como siendo Enrique una persona <<señalada>> por su militancia en UGT logró esquivar esta primera vez el fusilamiento? ¿Fue la influencia de su hermano Francisco la responsable de su salida de la prisión del alcázar, debido a sus buenas relaciones con el alcalde, terrateniente y vecino de la calle Cabezas Salvador Muñoz Pérez, o fué por su amistad con el anterior gobernador de la provincia Rodriguez de León? ¿Como de determinante fue la visita que la abuela Enriqueta hizo al despacho del nuevo gobernador, el Teniente de caballería José Marín Alcázar -recién nombrado en el cargo por Ciriaco Cascajo-, rogando por la vida de su marido?.
Según nos contaba mi madre, la abuela Enriqueta se personó en la oficina del ya flamante gobernador golpista para rogar la liberación de Enrique; No sabemos si su intervención fué decisiva, el hecho es que Enrique pudo salir de la cárcel tras esa primera detención.
Hacia octubre y ya realizados una serie importante de cambios a nivel político en la ciudad como fueron el cambio de alcalde, el de jefe de orden público y las emisión de instrucciones internas acerca de la localización y tratamiento que deberían recibir los <<huídos y emboscados>>, harían muy difíciles o imposibles futuras peticiones de indulto por parte de Enriqueta o de cualquier otro familiar.
Francisco sería detenido el 3 de septiembre de 1936 junto a 5 vecinos más, ingresando en prisión militar el día 9 y permaneciendo allí hasta febrero de 1937, cuando salió en libertad de manera definitiva. Las penurias, torturas psicológicas y físicas y privaciones de las que sería víctima durante estos meses cambiaron totalmente su carácter y ensombrecieron su ánimo para siempre. Señalo aquí que en la búsqueda de información de aquellos sucesos descubrí que uno de los vecinos junto a los que fué detenido Francisco, José Salazar López, sería fusilado el día 5 de septiembre, corriendo así la misma suerte que centenares de trabajadores inocentes aquellos días.
Es probable que esquivara penas mayores e incluso el fusilamiento en los meses posteriores al 18 de julio gracias a Antonio Rodríguez de León, en ese momento gobernador civil de la provincia y personaje ampliamente cuestionado en la historiografía por su falta de iniciativa y compromiso durante el golpe de estado y posterior asedio al edificio de gobernación y debido también al evidente trato de favor recibido por parte de los golpistas tras entregar el gobierno de la ciudad.
Rodriguez de León entró en política en el Partido Radical de Alejandro Lerroux, fué gobernador civil de la provincia de Ciudad Real, distinguiéndose en la lucha contra el paro obrero. Tras un receso de unos años, vuelve a la política en febrero del año 1936 al tomar posesión como gobernador civil de Córdoba por Unión Republicana -coaligados en Frente Popular- hasta el 18 de julio de 1936. No aceptó el nombramiento del alcalde socialista de Córdoba Manuel Sánchez Badajoz, y entre ambos existieron relaciones tirantes y poco fluidas. El 18 de julio de 1936 permaneció en la sede del gobierno hasta que este fue cañoneado por los militares sublevados, tras lo que rendiría la ciudad al coronel Cascajo una hora más tarde. Se le atribuye efectivamente una posición ambigua frente a los sublevados al no solicitar refuerzos ni repartir armas entre la población, como le pedían el alcalde de la ciudad y los diputados personados en gobernación. No fue detenido por los golpistas como las demás personalidades, quedando retenido junto a su familia en un hotel de la ciudad. Lo llevaron en dos ocasiones a la cárcel, pasando en total ocho días arrestado. Tras ser liberado viajaría hasta Sevilla y de ahí definitivamente a Madrid.
Aunque la interesante <<coincidencia>> de que, justo quince días antes de la destitución de Salvador Muñoz Pérez por la autoridad militar, fuera cuando nuestro tío Francisco entrara en la cárcel, no parece casual. Quizás Muñoz Pérez, como uno de los promotores necesarios del golpe militar en la provincia, supiera que estando en prisión en ese momento Francisco estaría fuera de las listas de fusilamientos. Lo desconocemos y nos limitamos a elucubrar.
Ficha de entrada en prisión de Francisco Vallejo Torquemada en septiebre de 1936
Quizás hayamos respondido a algunas de las preguntas que me hacía más arriba, pero también es conveniente conjeturar sobre las circunstancias que acabaron desembocando en tan injusto final para Enrique, a tenor de las evidencias que tenemos.
Nuestro tío-abuelo Francisco, tal y como he señalado anteriormente, fué ampliamente conocido en muchos círculos sociales y políticos de la época por su participación en la política municipal y provincial y también por sus vínculos con el gobierno civil. Seguramente arrastrase aún el haber sido detenido como instigador durante la huelga de 1917 y el pertenecer a la UGT.
De su hermano, el abuelo Enrique, desconocemos si fué una persona conocida, aunque si sería popular en la zona de la rivera donde vivió toda la familia y donde, entre otras labores, se ofrecía semanalmente a enseñar a leer y a escribir a adultos en la Casa del Pueblo, cuya sede se encontraba en la Casa de la Herradura de la plaza de la Alhóndiga -edificio proyectado por el arquitecto socialista Francisco Azorín Izquierdo- . Pertenecer a un sindicato y dar clases a adultos no era un crimen claro está, pero desde la óptica fascista se trataba de una actividad y un elemento a depurar, por inducir posible ideas marxistas en los vecinos. Sea como fuere, los fascistas tenían desde hace tiempo en el punto de mira a todos aquellos que pertenecían a sindicatos y por supuesto a partidos políticos. Detuvieron a muchos en los primeros días, ya que los falangistas y los elementos caciquiles hacían mucha presión por iniciar la criba de la <<canalla marxista>>, como denominaban a los sindicados y pertenecientes a partidos, fuera cual fuera su ideología.
Tampoco faltaron los delatores, jayanes que como en los mejores tiempos de la Inquisición actuaban como <<familiares>> señalando con su dedo acusatorio, como Velasco, del que hablamos al principio y que junto a otros miembros del fatídico escuadrón falangista formado a partir del mismo 18 de julio, delataban a sus vecinos con objeto de obetener un trato favorable y cierto estatus entre los fascistas.
Fruto de este ambiente de terror y delación llegó hasta la familia la noticia de que el responsable del señalamiento y secuestro de mi abuelo había sido un tal Anaya, del que hoy sabemos que se trataba de Ricardo Anaya Gómez, pintor mediocre, delator, y miembro de la policía político-social del franquismo, el cual le obsequió sus años de servicio durante la guerra nombrándolo pintor oficial de carteles de ferias y toros de la ciudad y media España y retratista de los caciques locales. En su siniestro currículum posee decenas de detenciones y fusilamientos bajo su responsabilidad directa, y el haber encarcelado personalmente al escultor Enrique Moreno <<El Fenómeno>> quién fué ejecutado en septiembre de 1936.
Aunque Enrique tenía otros factores en su contra, dentro de su propio trabajo y siendo enlace sindical de la UGT y tesorero de su sección, ya que quien ejercía de director de la entidad cordobesa en aquel año de 1936, Juan Miguel Velarde Garnica, era sobrino del insigne político, diplomático y presidente de la entidad Pablo Garnica Echevarría, quien tras el golpe de estado del 18 de julio se posicionó claramente a favor de los golpistas y pasó a establecer la sede de la "mitad" de Banesto en Burgos, desde donde se comenzaron a dirigir las operaciones por parte de un comité que asumió diversas funciones durante el conflicto.
Copia del documento que se hizo llegar a las sedes del Banco Español de Crédito en zona nacional, en los primeros días del golpe de estado.
Además de estas circunstancias, debemos sumar otra muy importante: Enrique fue herido de bala en el transcurso de una manifestación en Agosto de 1930 frente a la Posada de la Herradura por su lado de la ribera, durante una huelga de diversos sectores, hecho para nada inocuo que quizás quedase en su ficha para siempre y del que por cierto saldría vivo de milagro. El parte médico al que pudo tener acceso el Diario de Córdoba, el 30 de agosto de 1930 reza así:
<<una herida en la región glútea con orificio de entrada a nivel del pliegue glúteo y de salida a nivel y por detrás de la espina ilíaca, antero superior, de pronóstico reservado >>.
Lo que siempre oímos sobre esta herida sufrida por el abuelo Enrique es que él pasaba por delante de la citada posada de casualidad, al ser zona de paso para llegar hasta la Calle Cabezas, donde se encontraba el domicilio familiar y hacía donde supuestamente se dirigía vestido de soldado pues venía de permiso en su servicio militar.
Al parecer y según indica la prensa de la época, un buen puñado de huelguistas se habían concentrado en los alrededores de la casa del pueblo, en ese momentos clausurada por la guardia civil, y fruto de la existencia de esos grupos se habían producido choques entre los guardias de seguridad que trataban de dispersarlos y los obreros, que les lanzaban piedras como respuestas. Al bajar un grupo de guardias con diversos detenidos, se encontraron en la puerta de dicha posada un nuevo grupo de huelguistas, que comenzaros a increparlos, ante lo que los guardias respondieron con varios disparos, alcanzando un par de ellos a dos personas allí presentes entre la multitud.
Uno de ellos fue Enrique, y considero bastante verosímil su presencia en aquella huelga en alguien que pertenecía a UGT, una persona presumiblemente informada sobre las convocatorias de huelga, con la que podría o no estar de acuerdo, pero cuya asistencia y apoyo a diversos actos de relevancia política era evidente.
Prueba anecdótica de ello, su participación en una derrama para subvencionar la construcción de un monumento a Pablo Iglesias, histórico fundador del PSOE:
Información publicada en el diario socialista "Córdoba Obrera" de 1933, donde comprobamos que colaboró con 2 pesetas. ¿Que fué de aquel monumento?.
Quiero hacer un apunte sobre el balazo recibido por el abuelo Enrique. Cuando descubrí por casualidad el <<informe forense>> de la trayectoria ya me pareció muy rara, así que consulté con un amigo médico y tras darle un par de vueltas a modelos en 3D sobre la posible orientación y trayectoria, llegó a una conclusión: la herida se produjo mientras se encontraba en una posición elevada <<subido a un coche, a una farola...>> o bien fue tiroteado por la espalda mientras se levantaba tras una carga, imagino que algo probable si las autoridades hicieron uso de la fuerza para dispersar o impedir el avance de la concentración, cosa que así se desprende de algunos periódicos publicados estos días.
Encontré así, de casualidad, el primer intento por parte de la autoridad de asesinar a Enrique, un tiro a alguien que se encontraba casi con total seguridad de espaldas y boca abajo en el momento del disparo. La suerte quiso entonces que no se convirtiera en un tiro de gracia. Pero alguien podría decir que resulta imposible esquivar una bala dos veces.
Quizás esto fuese suficiente para que los fascistas los consideraran, especialmente a Enrique, un peligro para la sociedad que pretendían organizar y controlar. Los sublevados contra el legítimo gobierno de la República pretendían devolver a la Edad Media al pueblo, impedirle aprender, avanzar, y liberarse de las cadenas de los amos y estamentos superiores, aquellos que se empeñaban en seguir dictando cómo y a que precio debían vivir la vida sus súbditos. Es posible que tras las primeras detenciones y represalias muchos de los propios derechistas -aquellos no implicados directamente en el golpe en la provincia- se encontraran sumidos en un estupor de cierta incredulidad, en el que tal vez ni ellos mismos esperasen esas matanzas por parte de los caciques y el ejército y amparadas por la iglesia, por lo que quizás practicaran en algunas de las primeras detenciones sucedidas durante los días inmediatamente posteriores al golpe "advertencias" a algunos de los detenidos, quizás como gesto magnánimo o de aprecio por parte de alguna autoridad cercana a la familia. Aunque también podría ser un gesto chuslesco y cruel, sabedores de la profunda trama urdida desde poderes económicos y militares, se daban así por legítimos dueños de las ciudades y campos y venían a conceder esta suerte de <<gracia>>.
Sólo los más conscientes del peligro
real que suponía aquel golpe de estado trataron de poner a salvo a sus
familias y a si mismo. El porcentaje de escapados hacia las zonas
republicanas es desconocido, pero es evidente que muchos de los
que temían por la integridad de sus familias permanecieron en la
capital. Según me transmitió el investigador Antonio Barragán
Moriana: << [...] Se puede estimar que debieron ser
bastantes [los huídos], pero es difícil de cuantificar. Lo mismo
ocurrió desde los pueblos, sobre todo en aquellos en los que no
triunfó la sublevación militar y luego fueron ocupados en las
primeras semanas, o meses de la guerra: en algunas medida algunos de
ellos se quedaron desiertos. La gente tuvo mucho miedo. [...] En
Córdoba, como triunfó el golpe, la salida fue continuada y constante,
sobre todo en la medida en que Luis Zurdo y Bruno Ibáñez acentuaron
la represión durante el verano/otoño de 1936.>>
Supongo que el abuelo Enrique jamás sospechó ni temió que aquel golpe de estado fuese a prosperar ni pudiese decapitar al gobierno de la República; la visión que debió tener él, como mucha gente de su entorno es que la República y la democracia habían llegado de la mano para quedarse en la adusta y desvencijada España, y ya nada podría combatir aquella determinación popular. Entendería que a los fascistas se les combatiría, y que las noticias de militares sublevados no eran tan importantes como la radio y la prensa dejaban ver al inicio. Hay que recordar que la ciudad de Córdoba cayó bajo el control de los golpistas prácticamente en las primeras horas del golpe de estado, y prácticamente sin emplear una sola bala, gracias precisamente a la rapidez y crueldad con que se detenía y fusilaba.
Enrique no quiso huir de su barrio, de su ciudad, abandonando a su suerte a aquellos junto a los que luchaba por conseguir pequeñas mejoras en las vidas de sus vecinos. Quizás tampoco podía, con una niña de corta edad y un recién nacido en la casa. Finalmente allí se quedaron los cuatro: Enrique, su mujer Enriqueta y sus dos hijos -Enrique, recién nacido y Esperanza, mi madre y con dos años de edad- pensando seguramente que aquel ruido de pistolas eran solo los últimos estertores de los viejos caciques crueles, de la política del turnismo, la corrupción y el pucherazo, esperando a que el legítimo gobierno de la República recuperase finalmente el control, con el firme apoyo de países hermanos en democracia.
Creo que nada podría haberlo preparado para entender lo que realmente ocurría en connivencia internacional con otras fuerzas fascistas y ante la pasividad de muchas democracias europeas, que no miraban con simpatía la llegada al gobierno coaligado de fuerzas comunistas y socialistas. Parece que cuando intentó huir, fue demasiado tarde.
Dado que los fusilamientos en la ciudad se convirtieron en una rutina prácticamente diaria, que el temor a formar parte de una de aquellas temibles sacas se fue instalando entre los pertenecientes a partidos y sindicatos y que su hermano Francisco fué detenido en los primeros días de septiembre, es probable que Enrique ya evitase a partir de los días posteriores a su primera detención ser visto públicamente, e incluso llegase a vivir <<huido>>, quizás un tiempo en su primera casa familiar de Huerta Cardosa donde iniciaron su vida como familia Enrique, Enriqueta y la recién nacida Esperanza -que nació en el anterior domicilio donde vivieron alquilados en la calle Osio nº 16-.
Y más adelante buscaron refugio en la casa de Las Pavas, que como he dicho anteriormente regentaba su suegro, Francisco Jeremías de Dios, y que tuvo a bien cobijarlos a todos bajo el ala de respeto y autoridad que aún conservaba -esto es seguro ya que desde su primera detención el veinte de julio, ya que figura como domicilio la calle Tomás Conde número catorce.
Es posible que se iniciaran registros de domicilios en busca que aquellos ausentes de sus puestos de trabajo en estas fechas o con anterioridad, aunque hasta el el 23 de octubre no se publicaría en el diario <<Guión>> una nota de prensa por parte de la jefatura de Orden Público alertando a aquellos <<huidos y emboscados>>.
Quizás algún familiar inocentemente lo delatara, cayendo así en la trampa del bando publicado por Bruno Ibañez pocos días antes en <<El Defensor de Córdoba>>, el 2 de octubre de 1936, en el que decía:
<<[...] parece ser que , ante el temor de ser llamados para dichas investigaciones, muchas personas se marchan de la localidad, haciéndose ellos mismos reos, por que al ocultarse, así parecen demotrarlo. Es de esperar que, después de esta leal advertencia a referidos elementos, vuelvan de nuevo a sus ocupaciones sin temor alguno, confiando en la Justicia, que por nada ni por nadie se ha de doblegar, y así demostrarán su inculpabilidad aquellos que tengan limpia su conciencia [...]>>.
Fue finalmente localizado y detenido el 5 de Octubre, separándolo así de su mujer y de sus dos hijos. De allí fue trasladado a la fuerza a la prisión del Alcázar, de donde saldría ya en la madrugada del día 6 de octubre para ser asesinado en una de las tapias del cementerio de La Salud, sin que nadie pudiera interceder por él.
En esa misma saca viajaban junto a él quien fuera compañero y secretario del sindicato en aquél momento, Antonio Moreno Alamillos, que también se encontraba oculto y junto al que, según consta en el respaldo de la orden de detención, iba a ser igualmente fusilado la madrugada del día 6 pero por algún motivo desconocido no sabemos si llegó efectivamente a salir o fué devuelto a la prisión para finalmente ser asesinado el día 7 de octubre.
El tercer camarada detenido era el tesorero de la Casa del Pueblo, Vicente Díaz García, que se encontraba oculto en algún lugar de Las Quemadillas, donde fué descubierto y apresado por un batallón de voluntarios.
Noticias recogidas en el Diario "ABC" sobre las detenciones realizadas sobre el secretario de UGT y el tesorero de la Casa del Pueblo durante el día 5 de Octubre de 1936
Notas telegráficas aparecidas en el diario <<El guión>> el día 6 de Octubre de 1936, sobre la detención de civiles el día anterior. Enrique estaba entre ellos.
Fotografía de las órdenes de ingreso y salida de Enrique Vallejo Torquemada. En el respaldo de una de ellas pueden observarse las famosas <<marcas>> de Don Bruno, quien en última instancia decidía que presos iban a ser fusilados.
Del asesinato de Enrique fué testigo su propio cuñado Jaime Tur, conductor del parque móvil municipal y obligado a participar en la recogida y traslado de los cadáveres con un camión-volquete durante la madrugada, en esa ocasión y en la de muchas decenas y cientos de personas durante los largos y sangrientos primeros meses de represión. Contaba su hijo -nuestro tio segundo Jaime Tur Jeremías, que lo reflejó en un libro lleno de sus vivencias vitales, <<Recuerdos de un legionario, Ediciones Atlantis, 2008>>- que, habiendo reconocido a su cuñado y oyendo sus gritos antes de ser fusilado, pidió tras su muerte que le dejaran recuperar su cadáver para que la familia pudiese darle una sepultura digna, a lo que el párroco coadjutor de San Andrés, Alfonso Hidalgo Real <<El Confitero>>, quien presenciaba y bendecía las ejecuciones vestido de guardia civil -según cuenta Francisco Moreno Gómez en su libro "1936: Genocidio Franquista en Córdoba"-, le espetó: <<¡No!. ¡A la fosa común con los demás!>>.
Tras la violencia vivida en aquellos sangrientos días, Jaime enloqueció recordando los gritos de las víctimas y los disparos de los fusiles y pistolas, y acabó dándose a la bebida para poder acallar aquellas voces, volviéndose poco después una persona huraña y violenta de quien tuvo que huir nuestro tío con quince años, por miedo a perder la vida en una de las palizas que le propinaba.
Volviendo con Francisco, aún siendo notorio el apresamiento y asesinato de una importante cantidad de líderes políticos y sindicales de diverso signo, la extrema violencia con que se sucedían los acontecimientos diarios desde Julio y el temor a ser señalado públicamente como homosexual -según confirmó nuestra abuela y nuestro tío- y estando fulminada su escasa capacidad de influencia, Francisco rogó clemencia por su hermano por última vez antes de su fusilamiento, en el momento en que ambos coincidieron entre la madrugada del 5 hasta la noche/madrugada del día 6 en la prisión del Alcázar. Sabemos por la familia y su testimonio directo que cuando la Guardia Civil preguntó por Enrique, respondió nuestro tío Francisco -soltero y sin cargas familiares- diciendo <<¡Yo soy!>>, dándose algunos guardas cuenta del engaño y localizando a Enrique entre el tumulto para ser fusilado.
Tras el asesinato de Enrique vinieron tiempos de muchas visicitudes para todos. Para que la familia <<tanto por parte del abuelo como de la recién enviudada abuela Enriqueta>> demostrase su adhesión a la causa se vieron obligados a participar económicamente en lo que se llamaron <<suscripciones patrióticas>>, algunas realizadas de manera pública y otras privadas, que no eran otra cosa más que extorsiones promovidas desde la jefatura de orden público o desde falange, con el fin de empobrecer y mantener a raya a las familias con fusilados o detenidos, bajo la amenaza de hacer extensiva la desaparición a cuantos miembros de la familia quisieran ellos señalar. Estas suscripciones serían una sangría constante durante los primeros años de la guerra, en los que llegaron a entregar hasta 125 pesetas por suscripción, amén de ropas, mantas, oro y plata procedentes de joyas familiares y del propio negocio de platería de Francisco.
Siempre se ha oído en mi casa que nuestro Tío Francisco junto con otro amigo escondieron parte del oro y la plata propio y de la sociedad de plateros para que no cayera en manos golpistas. ¿Fue la detención y posterior fusilamiento de Enrique una manera de requerir a Francisco y obligarlo a que entregase todo el oro del que disponía?. Lo cierto es que ni su nombre ni el de ningún miembro más de la familia materna aparece en el listado de incautación de bienes o responsabilidades políticas existente entre 1938 y 1945, listado consultado en el libro <<Control social y responsabilidades políticas. Córdoba 1936-1945>>, de Antonio Barragán Moriana. No obstante, es muy probable que el robo por parte de las autoridades se produjese con anterioridad, entre el otoño de 1936 y 1938.
Además de estos robos disfrazados de ayudas al frente nacional, el propio Francisco tuvo que adherirse a falange -o ponerse el <<salvavidas>>, como se llamó a la camisa azul- tras su salida de prisión , alistarse como miembro de los batallones cívicos y entre otras cosas entregar nuevamente oro y plata a una hermandad con gran sintonía con los represores en el momento, la de Los Dolores, a la que Francisco donó materiales para la supuesta talla de una joya. También haría importantes donaciones económicas para poder volver a ordenarse como Hermano Mayor de la Caridad -ya lo fue de esta misma hermandad durante la república-. De hecho, terminó sus día como hermano honorífico de esta hermandad.
Un par de ejemplos de las suscripciones a las que la familia se vió obligada a realizar, y hay muchos más. La supuestamente destinada a la reparación de la iglesia de San Rafael, se hizo el día 26 de Octubre de 1936. 20 días después del asesinato de Enrique. Madre y hermanos pagan a los verdugos por su vida con este gesto.
Una verdadera fortuna familiar robada que evitaría futuros problemas políticos y más muertes en la familia. Mejor dicho, asesinatos, porque Esperanza, la madre del abuelo Enrique, no pudo soportar el dolor de perder a un hijo de semejante manera y apenada terriblemente por su asesinato y el obligado silencio posterior, acabaría muriendo en Noviembre de 1937.
Un año
después moría Esperanza, profundamente entristecida por el vil
asesinato de su hijo.
En la nota publicada por
el fallecimiento de Esperanza Torquemada Marquez en el diario "Azul"
comprobamos que no se nombra ni a Francisco ni a Mateo. Desconocemos
si no pudieron asistir a la ceremonia de entierro de su madre por
miedo a sufrir nuevas represalias o directamente no pudieran asistir
por haber pertenecido a UGT y PSOE. Como curiosidad, destaca la
presencia del Ex-alcalde y terrateniente Salvador Muñoz Pérez en la
ceremonia del último adiós, como ya se ha dado a entender con anterioridad, fué un vecino y amigo de la familia en la calle Cabezas durante muchos años.
Además y como dije en al inicio, supuso el distanciamiento entre el resto de la familia y mi madre, ya que tuvo que ser enviada al sanatorio de Torremolinos para curarse de su enfermedad. Allí permanecería durante doce años, desesperantes para una niña de corta edad que se vio separada de su familia y conviviendo con las niñas y monjas del sanatorio, sobre una de ellas y muchos años después nos hablaría largo y tendido, recordando el pánico y el dolor que les provocaba a todos los pobres niños internados con sustos y amenazas.
Su hermano y tío nuestro Enrique fue acogido y tutelado por Esperanza -hermana de nuestro abuelo- y su marido Luis Zorro Navas, quien fue un sastre muy valorado en la ciudad. Ambos pudieron proporcionarle un hogar y una formación que garantizase su futuro durante los años en los que Enriqueta no pudo hacerse cargo por completo de sus dos hijos, aunque finalmente fue una tutela legal definitiva, y seguramente se hizo así amparándose en la antigua ley familiar, ya que al derogarse la ley del divorcio de 1932 una mujer viuda podía perder la patria potestad de sus hijos, si un familiar del marido los reclamaba o si esta se volvía a casar. En este caso creemos que se hizo así para evitar que el Franquismo y las instituciones sociales de la iglesia reclamaran a Enrique o a Esperanza a un hogar social, y no por un puro deseo egoísta de nuestra tía abuela Esperanza y su marido.
Había además otros factores que llevaron a la familia a tomar esta decisión, el más apremiante era en aquel momento que el fallecimiento de Enrique no se reconocería y quedaría inscrito hasta 1943, con lo cual durante esos siete años Enriqueta no pudo cobrar una mínima pensión de viudedad, y tuvo que depender de su trabajo y del acogimiento de la familia, cosa que al menos por parte de Francisco tuvo, incluso este llegaría a proponerle matrimonio -por guardar apariencias y para que ambos alejaran el fantasma de la sospecha definitivamente- cosa a la que mi abuela se negó. En adelante su relación sería como <<Familia Cristiana>>, un censo de familias realizado por la iglesia y promovido por los golpistas que obligaba a todos los ciudadanos a bautizarse, estar casados religiosamente o de lo contrario enfrentarse a diversos problemas con la autoridad moral -detectando y neutralizando así a muchos anarquistas y comunistas que ni habían sido bautizados ni se habían casado por la iglesia.
Años después nuestra tía abuela Esperanza seguía hablando con mis hermanas del dolor que sentía por el asesinato de su hermano Enrique y de como con pequeños gestos siempre demostró su odio ante aquella realidad impuesta a fuerza de pistola. Como anécdota de su manera de ser ocurrió que en cierta ocasión en que fué al cine con su hermano Francisco, un tiempo después del asesinato de Enrique, al comenzar el NO-DO era costumbre levantarse del asiento e incluso los más motivados realizaban el saludo fascista. Ella contaba orgullosa que no se levantó, ni aunque su hermano le pellizcaba el brazo y le decía <<que nos van a matar Esperanza, levántate>>. Jamás estuvo conforme con el <<orden>> que los fascistas impusieron, por que conocian bien el precio que la familia pagó a esos desalmados.
Sanatorio marítimo de Torremolinos donde tuvo que permanecer durante años Esperanza.
Esperanza y Enrique comparten silla para esta foto. Debió ser tomada un año después del asesinato de su padre.
Una de la notas más dolorosas y cínicas relacionadas con el asesinato del abuelo la encontramos, como hemos dicho antes, en su partida de defunción. Esta fue registrada el treinta y uno de Diciembre de 1943, siete años transcurridos desde su asesinato, y en el apartado que indica <<a consecuencia de>> lo que se produjo el fallecimiento, el firmante indica <<por los sucesos ocurridos>>. Que pasados siete años decidieran inscribir la nota legal del fallecimiento del abuelo Enrique ayudó definitivamente a que Enriqueta pudiese cobrar su exigua pensión de viudedad y fuera reconocida oficialmente como viuda. Un enorme acto de generosidad por parte de los verdugos.
<<Falleció el 6 de Octubre de 1936 a causa de los sucesos ocurridos>>. Los testigos firman a instancias del Juez que ordena la inscripción del fallecido, siete años después de su secuestro y fusilamiento. La familia podía darse con un canto en los dientes.
Pero no todo iba a ser cuesta arriba en la vida: transcurridos muchos años, la abuela Enriqueta conseguiría rehacer su vida, casándose con un hombre que vivió perdidamente enamorado de ella desde que la conocía: nuestro abuelastro José Bueno Fernández; nueve años menor que ella pero eso no le hizo desistir en ningún momento hasta que consiguió casarse con la <<señorita Enriqueta>>, como cariñosamente la llamaba mientras convivieron como simples vecinos en la casa de las pavas. De esa relación nacerían dos flores: mis tíos José y María Luisa.
Repasando los principales puntos de esta historia, a modo de análisis histórico sobre lo sucedido en torno a Enrique, se podría decir que lo único de lo que se le podría culpar es de haber sido un <<Quijote>>, de creer que la democracia había llegado para quedarse, que la fuerza de la razón era suficiente, que los caciques disfrazados de parlamentarios aceptarían todas las reformas que vinieran sin rechistar y sobre todo, que no estarían dispuestos a derramar la sangre de sus vecinos.
Desconozco si nuestro abuelo llegó a pensar que aquello no podría ocurrir, aún cuando sus vecinos y compañeros de trabajo desaparecían y eran fusilados, con una gran violencia en aumento..., y aquello tan solo acababa de comenzar. No tengo constancia, por ejemplo, de lo sucedido entre su primera detención el 20 de Julio y su fusilamiento el 6 de Octubre. Deduzco, por lo ocurrido en otros pueblos y ciudades de Andalucía, que hubiera procurado ocultarse o al menos pasar desapercibido, aunque no sepamos si dejó de asistir a su puesto de trabajo. Es bastante probable que siguiera organizándose en la ciudad con más miembros del sindicato o del partido socialista, conociendo su implicación política y su trabajo en la casa del pueblo. El protocolo para cualquier organización sindical o política en estos casos prioriza la destrucción de la documentación que pudiera poner en peligro la vida de afiliados y las cuentas sobre ingresos y vías de financiación externas. Recordemos que Enrique era contable y tesorero del comité ejecutivo de trabajadores de la banca, sabía perfectamente que tipo de información contable era sensible y por lo tanto habría que hacer desaparecer, por lo que dudo que simplemente continuase acudiendo a su puesto de trabajo como si nada alrededor ocurriera.
A día de hoy, seguimos desconociendo una parte esencial de lo ocurrido durante esos días. Seguimos investigando, por lo que esta entrada se irá modificando y ampliando con el tiempo.

















































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